Liderazgo

Moneda de cambio

Foto tomada por “NoWhay” / http://www.sxc.hu/browse.phtml?f=view&id=1253358

Creer en uno mismo. Creer en el otro. Son dos caras de una misma moneda: ¡La confianza! Y esta actitud será el principal beneficio del profesionalismo que podamos imprimir a nuestras acciones. El profesionalismo, como veremos a continuación, tendrá una vertiente de confianza hacia nosotros mismos pero también hacia otros.

En momentos como éstos que hoy vivimos donde las ideas de inseguridad, de miedo, de preocupación ante un panorama “complicado”, parecen ser la argamasa social que sustenta toda relación interpersonal; incluso, todo encuentro de “negocios” en el sector productivo, atravesará un mar de dudas y de suposiciones respecto quien provee un bien y/o servicio. Encontrar confianza es encontrar un remanso. Una esperanza y una fortaleza, una decisión de cambio positivo tanto para nosotros como para quienes se ven atraídos a nosotros por la actitud profesional que proyectamos.

La confianza se revela como un espacio inigualable para la consolidación de una trayectoria personal y organizacional. Confiar significa, en la primera acepción de nuestra lengua, “encargar o poner al cuidado de alguien algún negocio”; en su segunda interpretación nos revela además que se relaciona con “depositar en alguien, sin más seguridad que la buena fe y la opinión que de él se tiene, la hacienda, el secreto o cualquier otra cosa”. La opinión, lo sabemos y ahora lo reconfirmamos, es importante. La opinión que se tiene de nosotros, en virtud de nuestro profesionalismo, es lo que nos permitirá mantenernos vigentes. No nos referimos a otra cosa que a la reputación, al buen nombre, como lo entendían generaciones anteriores. Producto de los años previos surge aquella frase: “la reputación es como un cristal, se raya al primer descuido y sí se rompe, se puede pegar, pero quedan las marcas, indelebles”.

Ya decíamos anteriormente por aquí que ser profesionales no es otra cosa que asumirnos como “conquistadores de la confianza, podríamos decir ahora también “cazadores de la buena impresión”. La moneda de cambio con la que se paga un justo precio por el celo y pasión, compromiso y acción, dedicación y esmero de aquella persona u organización que se asume y proyecta como “profesional” será la confianza. No basta decirlo, ¡hay que entenderlo, asumirlo y vivirlo!

Como cliente, consumidor de primera vez o bien ya con antigüedad, se valora siempre ante un bien o servicio la conveniencia del retorno al mismo proveedor. La lucha del proveedor, en cada ocasión, es para revelarse “digno de confianza”; si tenemos éxito en este cometido podemos incrementar la posibilidad doble, y no excluyente, del retorno del cliente y de su recomendación respecto nosotros como proveedores ante terceras personas. Sobre este último punto es justo decir que podremos invertir mucho en publicidad, pero esta vía, la recomendación directa y personal, confiada a nuestra valía ya probada, será siempre la mejor opción para consolidar más y mejores proyectos ante nuevos “probadores” de confianza.

Podemos redondear esta idea diciendo que la confianza será la “piedra de toque” del profesionalismo Así como el joyero requiere una herramienta específica para determinar el valor de una pieza de orfebrería, la confianza nos permitirá pulsar nuestro “ser profesionales”. En cada parte del ciclo productivo podemos conocer la valoración, no sólo de la calidad sino de la entrega y convicción que la posibilita. Revelamos así, si lo llevamos a fondo, que el profesionalismo es también una vía de conocimiento, más especifico aún: ¡de autoconocimiento!

Y entonces, ¿qué beneficios comporta el profesionalismo tanto en las personas y en las organizaciones?

Tanto para las personas, quienes postulan un pequeño negocio y/o trayectoria, como para las organizaciones con mayor consolidación, el profesionalismo deriva en beneficios a corto, mediano y largo plazo que podríamos resumir en el siguiente esquema:

Corto plazo

Mediano Plazo

Largo plazo

Lograremos satisfacción inmediata del cliente por el proyecto/servicio actual.

 

Obtendremos la posibilidad de explorar la experiencia del cliente y beneficiarnos de ella al cierre del proyecto o servicio

(retroalimentación)

 

Obtendremos la satisfacción inmediata de nosotros mismos, o de quienes ejecutan el ciclo, dentro de la organización

(saber la positiva influencia de nuestra labor consolida la identidad personal /organizacional)

 

Aprenderemos de nuestra experiencia actual, ¡el profesionalismo como vía de autoconocimiento!Identificaremos más claramente nuestras fortalezas y oportunidades a partir de la retroalimentación del cliente

(inicio de nuevos ciclos de mejora).

 

Responderemos a nuevos servicios/proyectos solicitados por el cliente que ha compartido su experiencia.

 

Difundiremos la experiencia positiva (confianza en acción) de cada cliente para “robustecer” nuestra trayectoria personal /organizacional.

 

Sacaremos partido de las recomendaciones del cliente que confía en nosotros.Captaremos nuevos clientes.

 

Aseguraremos nuestra probabilidad de “vigencia” y reconocimiento de la experiencia personal y/o organizacional dentro del mercado.

 

Exploraremos, a partir de la experiencia consolidada, nuevos ámbitos de acción con el respaldo de una trayectoria definida.

Con esta esquematización de los beneficios cerramos estas tres primeras entregas referidas al profesionalismo. Espero que hayan sido de utilidad para ti. Ojalá me acompañes la próxima semana con la reflexión sobre una organización inteligente. ¡Buena semana!