Liderazgo

Coloreando la vida

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Una visión limitada reduce al ser humano a dos posibilidades cromáticas: blanco y negro; pensar con sólo dos tonalidades, en un ámbito individual como grupal, significa reducir nuestra posibilidad de asumirnos como factor de cambio tanto a nivel personal como a nivel organizacional. Si bien el lenguaje binario, gran sustento de la era tecnológica actual, es trascedente para muchas actividades y procesos específicos, poco puede aportarnos para solucionar los conflictos que pueden presentarse dentro de una organización.

¡No somos máquinas!, sin embargo, como hemos dicho anteriormente, a las organizaciones actuales les gusta así considerarnos. Ese viejo paradigma de los engranes que nos persigue, y lo hará por un buen rato, pues está radicado en nuestra cultura. Pero si lo meditamos bien, este análisis obsoleto no resiste muchas realidades humanas. Como sabemos, toda teoría si no parte de la realidad habrá de terminar chocando con ella de modo estrepitoso. Hay, paradójicamente, muchos terrenos en los cuales el pensamiento “maquinista” se topa con la pared del fin del camino, con el muro infranqueable de la evidencia. Nuestra complejidad rebasa, en muchos sentidos, cualquier cálculo matemático. Ello, como puede inferirse con un análisis breve pero profundo, puede significar tanto áreas de fortaleza como nichos de oportunidad.

Uno de los diversos movimientos dentro del tablero de ajedrez de la vida humana, que pone en jaque a la construcción “funcionalista” de las organizaciones, es el manejo adecuado de las emociones de las personas que conforman, mediante su conocimiento, práctica y habilidad un grupo humano orientado a un objetivo particular. No en vano la “inteligencia emocional” ha sido un gran avance en términos de comprensión de nuestra conducta. Las emociones, como decía Leonardo Polo, “colorean nuestra vida”. Dotan de momentos cargados de humanidad, la lógica fría de la transacción, del negocio, del intercambio. Hemos querido, durante mucho tiempo “reprimir”, pues consideramos que de las emociones no puede venir nada bueno: ¡craso error!. Las emociones, pueden ser tan fuertes, tan intensas en ocasiones, que suponen perspectivas diversas a la rutina de la dinámica productiva y laboral; ellas pueden enriquecer, si se canalizan adecuadamente, toda actividad específica que la organización emprenda.

La motivación, pieza clave en los procesos humanos dentro de las organizaciones, ha tenido en el manejo de emociones un gran terreno fértil para la generación de acciones específicas que puedan no sólo mejorar el entorno laboral, la disposición de los colaboradores, sino, paradójicamente hablando, la actividad misma (la misión incluso) de determinada institución.

Las emociones, los colores que podemos imprimir a la rutina, a la actividad, a los reportes, a los proyectos, a las acciones más insignificantes y a las más complejas, deben ser un eje transversal de las habilidades gerenciales que hemos venido comentando. El gerente interesado en el cultivo y práctica de dichas capacidades específicas deberá, en este sentido mucho más marcado que las otras áreas que hemos revisado, llevar al terreno de la práctica cotidiana esta “inteligencia emocional” si quiere de algún modo, generar una “escuela” dentro de los colaboradores a su cargo. El gerente debe ser el primero en ejecutar las habilidades emocionales como parte de su actividad directiva, su liderazgo; también debe considerarlas dentro de todo el esfuerzo comunicativo que busque imprimir tanto al interior como al exterior de la organización en la que colabora. Con las emociones podemos sintonizar como notas musicales dentro de una pieza específica, o podemos desentonar, si no tenemos un adecuado manejo, poniendo en riesgo todo el concierto.

Con este “boom” emocional, por el que podemos explicar fenómenos del management como el “coaching”, podemos encontrar puntos de partida y llegada. Inicios y términos de historias de cambio y transformación.

En los siguientes post, trataremos de colorear la vida cotidiana de las organizaciones mediante la reflexión y sugerencias prácticas respecto las tres habilidades básicas emocionales:

La identificación y manejo de las propias emociones, frente a los retos, expectativas, proyectos, logros y dificultades de una organización;

La identificación de las emociones de los demás frente al contexto organizacional y frente a las “exigencias” o “peticiones” de la directiva;

La empatía, como base de diálogo, negociación y acuerdo; como gran marco para el desarrollo de una comunicación eficaz.

Esperamos nos acompañes en las próximas entregas para continuar la reflexión sobre esta categoría de habilidades gerenciales.

¡Buena semana!

2 thoughts on “Coloreando la vida”

  1. ¡Bien! ¡Muy cierto! Sin embargo creo que el cómo poder identificar esas emociones o sentimientos es un área enorme de estudio, de trabajo y dónde educar. Estamos acostumbrados a contestar ante ¨Cómo estas? ¨ con un simple: ¨bien¨; eso sólo es un ejemplo sencillo de cómo se nos educa a no identificar qué sentimos. Lo anterior es una pena cuando en lugares donde se debe favorecer la identificación de sentimientos y necesidades, como la familia, se refuerza contestar sólo ¨bien¨. Una vez más argumento sólo desde mi percepción, pero muchos adultos (que se podrían considerar maduros) muchas veces ni siquiera pueden nombrar su sentimiento y/o emoción. De tal manera que nombrar eso que se siente e identificarlo es el primer paso. No por nada el autoconocimiento, ya muy trillado, y a la vez poco ejercitado es la base. Una vez conocidos e identificados la emoción y el sentimiento, es sencillo, si se desea, poder encauzarlos, sintonizarlos y manejarlos adecuadamente. ¡Si se aprende a identificar qué siento, cómo lo siento y qué lo causa, se vuelve fácil comprender los colores, de otra forma lo usual es decir ¨blanco o negro¨!