Liderazgo

Buscar la sintonía

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Nuestros mayores encontraban en la radio no sólo información sino un modo de tradición y expresión específico. Una rutina, la programación por día, que les permitía compartir determinados momentos con personas importantes y valiosas. La Radio, probablemente más que otros medios, es comunitaria. Quienes hemos nacido de alguna manera mucho más relacionada a la televisión, y ahora a los medios electrónicos en general, frecuentamos la radio un menor número de veces. Quienes manejan la tienen por compañía en el tráfico de las grandes ciudades. No sólo el modo de hacer radio ha cambiado, no sólo los programas que se escuchan, también la tecnología. Hoy por hoy prácticamente todos los radios digitales tienen la función de búsqueda de estaciones; con solo apretar un botón uno puede “viajar” entre frecuencias, y pedazos seccionados de las mismas, hasta encontrar aquello que le significa y le interesa. Cuando la atención cambie, por alguna extraña y no tan extraña razón, nuevamente el botón “escaneo” y listo.

Anteriormente, sin embargo, aunque a algunos les parezca impresionante saberlo, la radio había que “trabajarla”; era necesario sintonizar la frecuencia y la estación de interés para disfrutar de la magia de este medio de comunicación. Ello implicaba, en cierta forma, un esfuerzo físico (levantarse y acudir al aparato o por lo menos estirarse para alcanzarlo) y también un esfuerzo tanto de oído como de mente; para el primero se requería encontrar la sintonización adecuada, aquella en la que el sonido era mucho más nítido, para el segundo se precisaba la comprensión de lo que se escuchaba para identificar sí lo localizado era lo que efectivamente se buscaba.

Así como en la época dorada de la radio, sintonizar era clave para “posibilitar” la comunicación, la que se recibía con alguna intencionalidad específica, así también dentro de la revisión que hacemos de las habilidades gerenciales es necesario abordar previamente la empatía.

Si bien no es la primera de las habilidades emocionales que un gerente tendría que procurar, pues tendría más relevancia en este sentido la identificación y manejo de las propias emociones, me parece que la empatía es la clave para la resolución de la mayoría de los conflictos dentro de las organizaciones. Tratemos entonces de romper el círculo vicioso por el cual siempre queremos reconocernos primero mismos a nosotros y concentremos la mirada en el otro, en el que nos rodea y quién necesita de nuestra empatía.

La empatía no es otra cosa que el esfuerzo que podemos hacer para encontrar un punto de conexión entre nuestra persona, a nivel emocional, y otras personas que requieren de nuestra sintonía en situaciones específicas. Así como en nuestro ejemplo de la radio, la sintonía exigía esfuerzo físico, de oído y de mente, la empatía precisa de nuestra completa disposición.

¿Por qué podríamos decir que requerimos un esfuerzo físico para lograrla? Porque mediante nuestro lenguaje corporal, no verbal, podremos comunicar que estamos en línea con lo que otra persona se encuentra experimentando emocionalmente. Si nuestra postura está volcada, sin ser invasiva, sobre la otra persona ella será capaz de sentir y apreciar nuestro interés por sus emociones. Es un primer paso, preliminar si queremos verlo así, no podemos quedarnos únicamente en el esfuerzo de mantener una postura. Tenemos que trascender el lenguaje corporal pero para ello debemos disponerlo de manera completa.

Debemos además entrenar el oído: ¡es necesario saber escuchar al otro!. Dar espacio a las impresiones, percepciones y pensamientos en general de otra persona respecto sus sentimientos, esto es clave para la generación de empatía. Si no le permitimos a la persona que desea expresarnos su estado de ánimo, su preocupación, sus perspectivas en general, no le estamos apoyando para que pueda dar orden a sus ideas y enfrentar sus problemas. Empatía involucra entonces “escucha activa”, la que se aprecia y valora como una habilidad específica. Afinar el oído equivale a buscar la estación que tiene una mejor señal, una mejor claridad: la empatía nos permite reconocer la armonía del sonido.

Por último, requerimos también disponer la mente. Debemos poner a girar nuestra inteligencia para comprender no solo lo que la persona dice, sino la integralidad de su comunicación mientras se expresa. Algunos le llaman “metalenguaje”; nuestras abuelas, entre programa y programa de radio, seguro decía: “Te llamo Pedro, para que me respondas Juan”. Muchas veces las personas no expresan todo utilizando las palabras, sino que para dar a conocer el mensaje se apoyan también en su lenguaje corporal y debemos saberlo captar para saber aquello que nos comunica dentro del mensaje de modo adicional.

La empatía será la habilidad específica, aplicando la disposición física, de oído y de mente, que nos permitirá construir confianza hacia dentro y fuera de nuestra organización. Si somos empáticos, además, como gerentes/líderes de proyecto podremos apoyar los procesos de mejora, no sólo en su parte comunicativa sino completa, que se presenten como parte de una evolución organizacional. Ser empático es estar moviendo la maquinaria, en cada oportunidad, para sintonizar el aparato y encontrar el canal adecuado que nos permita comprender el mensaje y darle cauce de acuerdo a necesidades específicas.

¿Cómo puedo ser más empático? Lo platicaremos en nuestra próxima entrega. ¡Buena semana!