Liderazgo

Deporte emocional

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 Recientemente el deporte ha sido un referente en todo el sector productivo que desea innovar y encontrar vías de mejora. En la analogía que de él podemos hacer se esconden muchas revisiones y perspectivas interesantes que pueden ayudarnos a mejorar la propia práctica dentro de una organización (pensemos por ejemplo en el trabajo en equipo) o a nivel personal (pensemos en el ya tan difundido “couching”).

¿Por qué razón el deporte, como analogía, ha tenido tanta influencia en la vida organizacional? ¿Cómo podemos aprovecharlo, en sentido de referencia, para encontrar una nueva forma de mirar nuestra realidad organizacional y/o personal?

Primero, habría que decir que ante la reflexión conceptual/teórica el ejemplo, la comparación, es una gran técnica de enseñanza. No sólo ante las ideas esto sucede pues la parte vivencial, a nivel de experiencia, de núcleo afectivo, se ha visto impulsada desde la “parábola”…los mejores ejemplos que puedo comentar en este sentido inician siempre de modo similiar: “El reino de los Cielos se parece a…”; ciertamente el ejemplo arrasa, pues mediante él podemos encontrar sintonía entre lo que hacemos y lo que queremos, entre lo que somos y lo que deseamos ser.

El ejemplo, basado en el deporte, nos presenta además algo más: ¡la adrenalina! Poco hay  más relevante para el hombre moderno que la emoción, muchas veces llevada al límite; queremos la sensación de la prueba, dureza en la competencia, superación del reto, vencimiento de una marca. Hemos pasado por el ciclo olímpico y paralímpico recientemente, encontramos en las imágenes más impactantes esta tendencia  que nos orienta al logro de del objetivo tan anhelado, a la ceremonia de la medalla (bandera e himno incluido). En resumidas cuentas, la conquista del entorno, pero sobre todo, de cada uno en sí mismo considerado.

Pues bien, hemos venido hablando en el blog de las Habilidades Emocionales, y la última referencia ha sido la habilidad de “Empatía”. ¿Cómo podemos ser más empáticos?, era nuestra interrogante final de la entrega pasada. He aquí una aproximación a la respuesta  que supone hablar de un verdadero deporte “emocional”.

Ser más empático, necesariamente, se relaciona con nuestro llevado y traído tema deportivo.

En primer lugar, así como el deportista prepara sus elementos, material y equipo, en forma previa a cada entrenamiento, así el gerente/líder debe preparar el terreno sembrando confianza. En este nivel de reflexión podemos comprender la confianza a generar como la labor de infundir ánimo en los colaboradores; “vigor para obrar”, nos dice el diccionario. Posteriormente en este espacio dedicaremos algunas entradas a la confianza, por ahora con lo dicho tenemos una sencilla aproximación.

En segundo lugar, la empatía debe practicarse. Así como el corredor puede vencer su marca corriendo, así el gerente/líder de una organización puede iniciarse en esta habilidad emocional procurando ser receptivo y comprensivo del estado emocional de quienes colaboran a su lado en la obtención de una meta. En lo concreto, cuando alguien llega a expresarnos su realidad emocional, a través de la confianza que hemos construido previamente, nos pueden ser de utilidad algunas preguntas de referencia: ¿cómo me siento cuando alguien me comparte alguna situación triste/alegre para él/ella?, ¿experimento algo parecido o algo verdaderamente contrario a lo que se me ha compartido?, ¿qué me quiere decir esta persona al compartirme su sentir y su percepción? ¿qué me parece que está esperando de mí? La reflexión personal sobre estos puntos nos permitirá iniciar nuestro entrenamiento. Hay que correr, escalar, lanzar, nadar, recorrer, caminar, ejecutar, anotar, registrar en términos emocionales; hay que saber, y este saber brota de la experiencia, en qué momento aplicar acciones específicas, justo nuestro siguiente punto.

En tercer lugar, la empatía requiere no sólo escucha sino acción decidida. Así como  el que entrena un deporte debe ir corrigiendo sobre la marcha los errores de la práctica   así el gerente/líder de proyecto debe ir modulando, sintonizando decíamos en la entrega anterior, las emociones. Existen entonces preguntas adicionales ¿qué he de hacer con todo esto que se me ha compartido? ¿debo buscar los puntos de apoyo de motivación para este colaborador? ¿debo consolar y reconfortar a mi colaborador para después establecer una ruta de acción? Dentro de esta perspectiva es importante decir que las emociones deben “fluir” pues sólo así pueden modularse, tanto la nuestras como las de quienes están a nuestro lado. Realmente podemos decir que esperamos dos cosas de la persona con la que abrimos el mundo interior de nuestra percepción y nuestro sentimiento: a) que nos permita hablar sobre ello, nos permita conversar lo que nosotros mismos en muchas ocasiones no nos permitimos. Esa conversación liberadora de lo bueno y lo malo que nos aqueja o nos reconforta no debe reprimirse sino contenerse, y esa será la labor de quien nos escucha, antes que otra cosa, con el espíritu de apoyarnos y de ayudarnos; y, b) que quien nos ha escuchado pueda brindarnos alguna pista para ordenar la “maraña” que nosotros mismos no podemos ordenar, que nos muestre la cabeza y los pies de nuestro diagrama en clave de rompecabezas. Pero que, esto es importantísimo, busque el “orden” sin imposición, sino en modo de sugerencia, de aproximación, de recomendación.

Necesariamente la empatía es amabilidad en movimiento, es un deporte emocional que nos exige abrirnos al otro para encontrar en ambos la humanidad que nos reconforta y nos permite resistir las dificultades de la vida y también, es justo decirlo, celebrar las alegrías que la existencia comporta.

La meta empática está planteada; pasemos ahora a reflexionar sobre nosotros mismos, sobre cómo los gerentes/líderes de proyecto dentro de una organización pueden identificar y modular, a su favor y beneficio, las propias emociones. Nos leemos por aquí próximamente.

¡Buena semana!