Liderazgo

Conocer el tablero

1391932_sound_mixer

 

Mucho y poco sabemos las personas ajenas a la tecnología respecto los complejos tableros de control de una fábrica o industria. Sabemos poco porque no conocemos al detalle cómo funcionan y para qué sirven; paradójicamente, sabemos mucho en la medida en que comprendemos la utilidad de dichos instrumentos y en que podemos entender que, sin ellos y su funcionamiento, la labor de la empresa o industria se vería seriamente afectada. Nos queda claro que funcionan, en última instancia, para controlar un proceso. Pareciera poco conocimiento, pero por el momento podemos decir que es suficiente.

En la cultura popular podemos encontrar múltiples referencias a los instrumentos como pieza clave de procesos específicos; quienes, por ejemplo, crecimos viendo las películas de “El Santo” (El Enmascarado de Plata), reconocíamos en los tableros de control las máximas potencialidades; una precisión sin embargo se deriva de esta inferencia, si pertenecían los tableros de control al laboratorio de los “buenos” sabíamos que serían clave para la resolución de la historia. Por otro lado podían significar también los máximos riesgos, si estos artefactos con luces, botones y palancas, eran propiedad de los “malos”, el final del mundo conocido se nos aproximaba cercano. La herramienta era fantástica, el uso que se tenía de ella era lo que nos introducía en el terreno de la moralidad.

Santo Marcianos 2

La idea de un aparato que nos permita confeccionar la realidad, y modificarla, a través de instrucciones brindadas por un “agente humano” nos ha acompañado un largo rato en la historia de la humanidad; desde los primeros bocetos e inventos de maquinaria del gran Leonardo hasta la tecnología revolucionada del fallecido Jobs podemos encontrar un camino ascendente en el logro de la máquina al servicio del ser humano. La misma computadora, teléfono móvil, o dispositivo con internet, en el que se lee este post responden a aquella añeja idea de las instrucciones proporcionadas por un humano y ejecutadas por una máquina.

El conocimiento y el manejo de las emociones, aunque parezca un tema completamente desvinculado a lo que hasta ahora he abordado, tiene cierta semejanza con esta aproximación a los “tableros de control”.  Cuando conocemos las emociones, y podemos definirlas adecuadamente, aparecen en el tablero de nuestra personalidad y contexto los mecanismos que nos permitirán regularlas y canalizarlas en modo adecuado. Los botones, las palancas, las luces, los sonidos, no serán reales en términos físicos pero sí verdaderos en términos de la modulación que las emociones y los sentimientos en sí mismos exigen.

Aprender a manejar las emociones es una responsabilidad eminentemente personal, cada quien debe saber conocer su tablero y estar al pendiente de las variaciones y cambios que este instrumento de medición indique.

¿Qué debería tener nuestro tablero de control emocional? Tratemos de llevar el ejemplo que ahora pongo al límite.

1. Identificador emocional

Sería una de las partes medulares, aquí podríamos cargar cada una de las definiciones de las emociones para poderlas comprender adecuadamente. Por ejemplo, se propone como ejercicio que cada lector pueda establecer su propia definición para las emociones siguientes:

  • Alegría
  • Tristeza
  • Nostalgia
  • Melancolía
  • Enojo
  • Miedo
  • Sorpresa
  • Fascinación
  • Apreciación

2. Modulador de sensaciones

Debe servirnos para indicar la intensidad de la emoción; desde algo apenas perceptible hasta, por ejemplo en caso del enojo, la fase misma de la explosión incontenible de molestia.

Podemos partir de la consideración sencilla responder a la pregunta ¿qué tanto se experimenta la emoción identificada? (Opciones de respuesta casi nada, poco, mucho, demasiado).

Pensemos en un indicador de calentamiento; cuando la emoción “está fría” nuestra señal permanece en el umbral más bajo de experiencia, cuando la emoción es más intensa nuestra experiencia arrebata completamente nuestra persona.

Podemos ubicar nuestro “indicador” en las sensaciones corporales de las emociones, por ejemplo en el aumento o disminución del ritmo cardíaco.

3. Alerta “no decisión”

Esta función se activaría ante cualquier decisión que la persona pretenda tomar en una fase “demasiado” o “ casi nada” de cualquier emoción experimentada. Las decisiones requieren y precisan, para ser eficaces, que las emociones estén reguladas. Si tomamos decisiones sin considerar las emociones tratamos de reducirnos a una máquina; si, por el contrario, tomamos decisiones únicamente considerando el estado emocional que tenemos, en el momento mismo de decidir, podemos comprometer seriamente nuestra persona e incluso, aunque luzca exagerado, nuestra propia vida.

4. Mecanismo para reducción de presión

Dependiendo la detección de la emoción, la gradualidad de la misma, y la incapacidad de decidir dentro de estados emocionales cambiantes y volátiles, nuestro tablero debería indicarnos acciones concretas a realizar en momentos específicos. Pensemos en toda la gama de acciones que pueden ir desde la “relajación” hasta el momento mismo de la “decisión” y la “acción específica” a partir de la materia prima de las emociones.

Un tablero de control emocional, como el que aquí se describe, sería una gran invención…¿algún innovador que se anime?

¡Buena semana!