Educación

Miremos de frente

Foto obtenida en http://www.sxc.hu/photo/1368587 Crédito http://www.sxc.hu/profile/amberglow

 

Hoy ante la gran nota de la detención de la lideresa magisterial del SNTE, acaecida en una calurosa tarde de invierno, más de uno de quienes somos aficionados y primeros interesados en el tema educativo podríamos sentirnos tentados a poner a vuelo las campanas. A ver, ¡miremos de frente a la avestruz ahora que no esconde la cara en la arena!, ¡ahora que no corre a velocidad inalcanzable para nosotros, ciudadanos de a pie, tratemos de comprender lo que significa!

Más de un “especialista” en medios ha concedido esta noticia como la evidente remoción de un obstáculo mayúsculo para la comentada Reforma Educativa, en el sentido de su rápida implementación y los beneficios aparentes que obtendremos con su ejecución.

Me parece que, aunque el panorama parece aclararse, hay pocas cosas de las que podríamos sentirnos alegres o esperanzados. Me explico con dos aristas únicamente. Es deprimente por un lado, encontrarnos con el tamaño monumental, tal vez no exacto pero sí más cercano, del derroche de los recursos de todos en beneficio de unos cuantos, reitero, ¡de verdaderamente unos cuantos miembros del sistema!. Por otro lado, es aún más deprimente un sistema que conocía y sabía con anterioridad el despilfarro y no sólo lo dejaba pasar sino que incluso, acrecentando el poder tras la sombra, lo hacía aún más profundo y difícil de extirpar. Es la misma negligencia de un médico que no nos avisa de un cáncer que puede matarnos y que, con su silencio, es cómplice de la metástasis. No nos podemos creer que estos movimientos de toneladas de dinero sean de 2008 para acá, no es paranoia suponer que esta “ordeña” constante lleva muy buen rato. Por lo menos 20 generaciones de estudiantes mexicanos se han visto afectados por lo que ahora, con un poco más de cercanía, conocemos.

Ojalá algún ente pensante pueda indicarnos con precisión la equivalencia de la cantidad detectada respecto el presupuesto anual educativo del país. Eso nos ayudaría a magnificar la tragedia humana, moral, social, económica, política, y desde luego cultural, que significa este desvío de recursos en detrimento de las y los mexicanos que ven coartado su desarrollo por la educación deficiente que reciben debida a la “falta de recursos” (pretexto hoy por hoy considerablemente risible de acuerdo a las circunstancias).

Ante estas consideraciones, y no por hechar agua a los cohetones del festejo, es preciso reconocer que los cambios cupulares, responden a la lógica del sistema en su escalafón más alto, no son necesariamente los cambios que nos garantizan que a ras de suelo las cosas habrán de mejorar. Ejemplos sobran. El cambio cupular que estamos atestiguando tendrá sentido si va acompañado de cambios y ajustes en todos los niveles. Es más, si se relaciona a impedir, de ahora en adelante, que se vuelva a meter la cabeza en la arena y que nuestro sistema sea una avestruz escurridiza.

El pretendido cambio educativo no llegará de arriba hacia abajo, tampoco, y hay que ser sinceros, de abajo hacia arriba. Muchos menos de los “lados” al “centro” ni del “centro” a los “lados”, como si el sistema educativo tuviera una figura definida. Es un replanteamiento del mismo sistema el que se necesita; no es una adecuación de lo que ahora se tiene, es necesaria una verdadera refundación del espectro educativo en nuestro país.

Si no efectuamos ahora, en esta coyuntura, un verdadero replanteamiento probablemente en 20 años, mis hijos y los tuyos se despierten del letargo en una calurosa tarde por el “encarcelamiento” y “caída” de un nuevo líder sindical educativo. Si no queremos este escenario valdría la pena hacernos algunas preguntas como cierre de nuestra reflexión:

¿Estamos dispuestos a que nos “coloquen” otro líder sindical que tenga acceso sin reservas al dinero, de las y los profesores y, dicho sea de paso, de nosotros como contribuyentes?

¿Creemos que el enroque de fichas será condición necesaria para el cambio educativo? ¿En serio? ¿Cómo podríamos asegurarlo si lo consideramos realidad inminente que habrá de venir como rayo salvador en la oscuridad?

¿Serán capaces nuestros políticos de ver más allá de la estrategia de tablero convenciera de la politiquería de cortapisas? Esa politiquería que supone líderes sindicales como cometas, con temporalidad y caída estrepitosa, poco puede garantizarnos.

Desde mi óptica, y trataré de delinearla en los próximos días en este espacio, el replanteamiento del sistema pasa por considerables simplificaciones, algunas menos populares que otras, pero que hagan más “minimalista” nuestro churrigueresco panorama educativo.

¿Usted lector, lectora, qué piensa sobre este intrincado asunto? Espero sus comentarios.