Comunicación

Experiencia de retroalimentación

Una reflexión a a partir de la práctica

 
Imagen: http://www.sxc.hu/profile/star-one
 
 
 

Hemos concluido recientemente dos semanas agitadas, repletas de actividades dirigidas a la bienvenida y capacitación de nuevos elementos, en la organización de la sociedad civil en la que colaboro. Me llena de satisfacción poder reconocernos como un equipo con especialización en este proceso vital para el logro de los objetivos planteados en cada una de las plazas que habremos de impactar con nuestras actividades. En unos cuantos días daremos el banderazo de salida y podremos ir recogiendo los frutos de las semillas que se han sembrado estos días. Podremos ser testigos de lo que cada uno de los participantes en estos eventos ha logrado mediante la inclusión de sus habilidades y conocimientos al planteamiento general que han recibido.

Estos dos recientes eventos, aunque han retomado mucho de lo que hemos caminado en años recientes, se han centrado en proyectarse como una experiencia gratificante, y transformadora, tanto para quien recibe la capacitación como para quien la imparte. Publicaba en la semana un pequeño tuit al respecto y considero que esta dimensión del servicio, pues la capacitación antes que otra cosa debe ser visualizada como un servicio, debe equilibrar adecuadamente tanto a los destinatarios como los facilitadores / organizadores del proceso.

Cuando concentramos todo en la óptica del participante solemos experimentar quienes organizamos los eventos, y los que impartimos, que los objetivos parecen no cumplirse pues marcamos una diferencia y no nos asumimos como parte del proceso. Es normal en este sentido que el cansancio del equipo de facilitadores sea un indicador a considerar respecto un logro no completo de aquello que se pretendía. Se nos presenta el desgaste entonces como un “cansancio” inútil, como un decir “he llegado al límite de mis fuerzas, pero no considero que haya valido la pena”. Nuestro evento parece condenarse por sí mismo.

Por el contrario si en un evento de esta naturaleza, centramos la atención en la óptica del instructor, sin considerar al participante, creamos un círculo repetitivo que será incapaz de abrirse y que destinará al fracaso el esfuerzo emprendido. Esta situación podría resumirse en que, dentro de la consciencia y percepción de quienes han recibido la capacitación, se forja una idea como esta: “he revisado mucha información pero no tengo claro lo que debo y cuándo debo hacerlo”, “no ha sido de provecho dedicar tantas jornadas y tantas horas”, “no me ha quedado claro”.

La productividad de un evento de capacitación debería medirse en la retroalimentación que genera entre los actores principales. Tanto facilitador como participante deben salir de esta experiencia profundamente transformados. Por un lado “la experiencia” viene al servicio de la “novatez” para el logro específico de una tarea y/o actividad, pero la “novatez” puede contagiar ímpetu y ánimo a la “experiencia”. La capacitación debe romper la inercia y refrescar, tanto a uno a como a otro. Y en ello estriba, a mi parecer, el verdadero éxito de una empresa como esta. Necesitamos seguir profundizando en cómo aprovechar los beneficios hacia dentro de la organización, considero como un punto de partida esta reflexión personal que se ilumina a través de las siguientes preguntas:

  • ¿Cómo puedo lograr satisfacción para quien imparte un evento de capacitación y para quien lo recibe?
  • ¿Qué actividades puedo integrar a mi proceso para hacer de la capacitación una verdadera “experiencia” que rebase la primacía de la información y robustezca los grupos de trabajo?
  • ¿Cómo aprovecho la retroalimentación entre la “experiencia” y la “novatez” en beneficio de la organización?
  • ¿Cómo puedo potenciar el concepto de capacitación como servicio?

Hasta la próxima…