Liderazgo

Medallas falsas

Nota al lector. 

Antes de leer este post, por favor vea el cortometraje mexicano que a continuación se presenta. “Medalla al empeño” de Flavio González Mello. Al final del breve escrito se establecerá la relación con el tema de esta entrada en el blog. 

Medalla al empeño

Nuestra época tiene marcados acentos que la hacen única, no por ello digo mejor o peor que alguna antecendente o de alguna que le supere; es eminentemente diversa, cambiante, desafiante en más de un sentido. En adaptarnos se nos va la vida, en comprenderla pareciera que se nos desgasta la capacidad.

Prácticamente no hay área del saber humano en estos días que no se haya visto inmiscuida en los ajustes que esta época ha impregnado al conocimiento y a la reflexión del ser humano. El mundo laboral se ha transformado, la era digital es a nosotros como la revolución industrial  fue para quienes vieron morir el siglo XVIII y nacer el siglo XIX: ¡un parteaguas!

En este contexto el así llamado “Desarrollo Humano” ha tenido también sus vericuetos. El tema humano se ha convertido incluso, dentro de la reflexión téorica, en capital. Las empresas  y las organizaciones intentan un viraje, positivo diría yo, a encontrar en la persona, cada una y cada uno de sus colaboradores, una potencialidad que permita la consolidación. Probablemente nunca como ahora se capacita al personal de una organización; hoy más que ayer se tiene el convencimiento como auténtica prioridad, desde el más amplió ámbito gerencial, de la trascendencia de la “administración del personal” como una variable directamente asociada a la productividad.

Queremos ser más productivos y por ello hemos buscado mejorar el entorno y contexto de quienes hacen posible, mediante su trabajo cotidiano, dicho incremento; no se piensa ya en productividad únicamente como la suma en las ganacias sino en los valores agregados que urden el tejido de intercambio y retroalimentación que permite el andamiaje de la “cosa social” desde una perspectiva socioeconómica. La productividad como causa y fin, alfa y omega si se permite la comparación con el alfabeto griego.

Dentro de esta oportunidad histórica para centrar la atención social, económica y empresarial en la persona humana como el destinatario y no el medio de cualquier sistema, ha irrumpido toda una gran amplia gama de técnicas, metodologías y, por qué no decirlo, corpus doctrinal que afirma la importancia capital de la persona pero que no representa en sí misma un compromiso directo con las personas reales y concretas porque su misma concepción del ser personal tiene un vicio de origen: ¡la individualización! producida la mayor de las veces que por la noción del éxito como fundamento de la dignidad y calidad de la vida humana.

En el cortometraje presentado podemos ver como la medalla mostrada, de supuesto valor y relevencia, no vale un cacahuate y forma parte de un mañoso engaño. Me parece que este conjunto de imágenes, brillantemente consideradas y ejecutadas, nos permite ver que el engaño se reviste de supuestos beneficios e inteligentes “ganchos” que permiten lograr el éxito de este personaje para concretarle tomarle el pelo al responsable de la ventanilla. Buena analogía de lo que me parece que hoy sucede en el mundo empresarial y organizacional puesto que a las ventanillas de necesidades de las instituciones se presentan muchos “vendedores” de medallas.

Con artilugios y pseudo ciencia hoy muchos “asesores de desarrollo humano” van por ahí vendiendo una preocupación por la persona aunque no les ha preocupado realmente saber quién es la persona y cuáles son sus verdaderas necesidades. Muchos de estos charlatanes han entrado en el paraguas del “coaching” y del “mentoring” por ejemplo, demeritando lo bueno que en dichas formas de trabajo personal existe. Toda técnica me parece valiosa pero en su propia dimensión y en su propio ámbito. Y hoy, sin temor, denuncio esta idea de pensar que estas dos maneras de afrontar las metas y objetivos de personas y de instituciones sea la ÚNICA manera.

Hay que tener precaución con los ofrecimientos de curar enfermedades diversas con una sola vía; el mundo de hoy nos presenta  “panaceas” que únicamente son placebos envueltos en supuesta visión de logro de metas y emotivismo lacerante, un conjunto de medallas sin valor. Las personas somos más que nuestras emociones y cualquier enfoque que nos reduce a ellas, por mucha motivación que nos argumente, siempre será carente de la integralidad que representa el ser humano. Si hemos de comprometernos con la persona debemos hacerlo hasta sus últimas consecuencias y dando cabida al complejo mundo de interacción y convivencia que significa el ser personal en una época como la nuestra.

¿Cuál sería alguna vía de solución preventiva ante las medallas falsas? Por un lado las empresas y organizaciones deberían tener la facilidad de analizar brevemente las propuestas que se hacen desde este tipo de vendedores de medallas, deben conocer respecto los enfoques pero también sobre el marco conceptual de los mismos; por otro lado, que me parece también sumamente plausible, es que la propia reflexión que se construye desde la experiencia y la academia debería seguir progresando analizando a detalle los “nuevos enfoques”. Resumo, hay que tener presente que toda técnica que se implemente dentro de una organización debe tener un enfoque hoy por hoy multidisciplinario que se aleje del culto a la personalidad y al éxito per se y que permita un verdadero resurgimiento de la persona como centro y acción concreta.

La pregunta fundamental frente a los colaboradores a quienes se desea capacitar, motivar o impulsar no es ¿qué debemos darles? sino ¿qué pueden ellos hacer con lo que nosotros debemos proporcionales como responsables de sus actividades? De ahí seguramente de puede decantar el tema de calidad de lo que puede ofrecerse, pero ese ya es otro tema.