Liderazgo

La eterna amplitud de los proyectos

Imagen obtenida de: http://www.sxc.hu/profile/jnatiuk
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Quienes trabajamos y nos gusta el hecho mismo de trabajar, independientemente del sector en donde nos desenvolvamos, seguramente habremos sido seducidos en más de una ocasión por la “eterna amplitud de los proyectos”. Me refiero a este fenómeno como la posibilidad de dar forma a aquellas ideas geniales que hemos experimentado en ocasiones muy especiales sin lograr que se transforme la realidad inmediata que nos rodea. Generemos mil y un formas de aterrizar un momento de lucidez que curiosamente nunca verá la luz.

¡Gran idea pero poca capacidad de llevarla a la práctica!, ¿le ha pasado estimado lector?  A mí también, y con este texto quisiera ordenarme un poco más y no dejar pasar las oportunidades que se me presentan.

Es bien cierto que ante la necesidad de “concretar” la creatividad, trazamos “n” cantidad de planes, exploramos alternativas, buscamos opciones, pero solemos terminar frustrados. Ante el escaso éxito al corto plazo, terminamos por abandonar nuestra idea como dice el poema de Benedetti, “a su suerte, que no es mucha”.  La gran idea ha pasado, como el viento;  la monotonía ha ganado la partida. “Lo que al tiempo se le deja, al tiempo se le queda” como solían decir nuestros mayores. 

Así como existe en los procesos terapéuticos el llamado “insight”, concepto ya exportado también a la publicidad y la mercadotecnia, también en un ámbito laboral los momentos de claridad, donde todo parece cuadrar y tener sentido dentro de un marco conceptual y de referencia altamente personal suelen ocurrir no de forma escasa. Son estos momentos el vivo retrato del “Eureka” del viejo Arquímedes.  El problema no es experimentar estos momentos de “descubrimiento” pues se presentan de forma constante, el problema es brindarle continuidad y hacerlos partícipes de nuestra realidad inmediata. 

Considero como una recomendación general para todo el interesado participar de dos movimientos, con la idea de generar el seguimiento a nuestros hallazgos y motivaciones: a) Identificar en qué momento se presentan las “ideas”, ¿cuándo llegan las musas de la inspiración”, b) ¿Qué solemos hacer inmediatamente después de la presencia de las musas?

Ante esto es prioritario trazar un plan que nos permita, paso a paso, lograr aquello que hemos imaginado en una versión no solo real, sino corregida y aumentada de lo que puede ser.

Vayamos por partes.

¿En qué momentos la claridad sobre la idea puede presentarse? La verdad es que no hay una respuesta absoluta y general pues cada persona, aunque participa de procesos mentales similares, tiene sus propias formas de expresar creatividad y de encontrar soluciones a problemas que exigen una respuesta.  En lo personal a mí me ha pasado que las ideas surgen en momentos específicos:

  • Durante una capacitación, curso, taller o conferencia en la que participo como oyente, a partir de ideas o reflexiones del ponente en turno.
  • Durante una capacitación, curso, taller o conferencia en la que participo como ponente, a partir de las ideas y dudas que los participantes me expresan.
  • Durante una reunión laboral que podríamos denominar “productiva”, donde se intercambian puntos de vista diferentes, y donde es necesario podernos colocar ante diversas perspectivas.
  • A partir de la necesidad específica de un cliente, o de un proyecto, que pide o exige de mí un reto diverso, una propuesta diferente a lo que he venido realizando y que me obliga a romper con la rutina.
  • En aquellas ocasiones en que me duermo tarde por alguna actividad que exige un esfuerzo mental específico; el momento de ir a la cama con la maquinaria “aún encendida” provoca que vengan muchas ideas y cavilaciones y suelo tardar bastante en conciliar el sueño.

¿Qué hacemos después de los momentos de lucidez intelectual? El verdadero problema decíamos es el seguimiento; para cada una de las situaciones que engloban mi creatividad he tenido generalmente las siguientes reacciones:

  • Cuando escucho: anoto la idea en mi cuaderno, en una tarjeta, en una aplicación del celular, a partir de lo escuchado por el ponente. Me aseguro que regresaré a ello, y la nota duerme seguramente donde le he relegado (hasta la fecha, creo que tengo ya un enorme panteón de notas dispersas y poco sistematizadas).
  • Cuando hablo: trato de recordar lo expresado por las y los participantes, pero en pocas ocasiones hago un registro claro de lo que me han aportado y me confío a la memoria traicionera que me caracteriza tanto.
  • Cuando me reúno: termino la reunión pensando que sería importante concretar lo que he considerado, y dejo de soñar para enfrascarme en los pendientes urgentes que requieren mi atención. La gran idea se opaca por detalles, si bien pudiéramos decir importantes en el día a día, que no abonan a todo lo que podría generarse.
  • Cuando detecto una oportunidad: me digo a mí mismo “sería bueno” plantear una alternativa, y como todos sabemos “de buenas intenciones está empedrado el camino del infierno”. Se queda en el mañana y en el después, nunca en el aquí y en el ahora.
  • Cuando me desvelo: ¡me duermo!

¿Y qué hacemos con esto?

¡Tratemos de ordenar un poco, tratemos de cambiar!

 

Volveremos sobre ello en la siguiente entrega. ¡Gracias por tu compañía!