Educación

La alegría de compartir

He terminado un nuevo ciclo de clases en el Instituto de Formación Integral, espacio de estudio y preparación para religiosas y religiosos que inician el camino de su vocación, en el que colaboro desde hace casi tres años. Este semestre, enero-mayo, tuve la dicha de impartir dos materias diferentes pero con cierto cierre parecido al finalizar el programa magisterial de cada una de ellas.

Por un lado, para alumnas y alumnos de segundo semestre, la segunda parte de “Iniciación a la Vida Cristiana”. Un grupo no solo numeroso, sino muy participativo y entusiasta. Los dos grandes objetivos de este curso se centraban en una revisión y clarificación de cada uno de los siete sacramentos, así como en la Vida Moral del Cristiano que se desprende y se relaciona con los diez mandamientos. Si bien había mucho de teoría, a través de las clases y de las actividades planteadas, pudimos acercarnos a un enfoque más cercano a la experiencia de cada uno recordando el itinerario que el Papa Francisco nos delineó en su primera homilía: “Caminar, Construir, Confesar”.

Fue además muy impactante que nuestro programa de estudio coincidió con las catequesis de los miércoles en las que el Santo Padre nos explicitaba, con su gran pedagogía y sencillez, cada uno de los sacramentos del la Iglesia. ¡Un verdadero regalo de la Providencia!, tanto para el profesor como para, estoy seguro, cada una y cada uno de quienes me acompañaron en el aula.

Cerramos esta materia, con un trabajo de investigación muy productivo. Debo decir que me quedo gratamente impresionado, no porque dudara de sus potencialidades, de la gran labor realizada por cada una y cada uno de ellos. Me sorprende que su decisión y arrojo, para enfrentar el reto, sacudió el polvo que se había empezado a acumular sobre mis hombros. Si bien no soy un hombre grande de edad, a veces me siento abrumado por lo que vemos, oímos y constatamos de este mundo de hoy. Mis alumnas y alumnos no se detuvieron a pensar y, apostando todo lo que son, decidieron tomar al toro por los cuernos. ¡Mucho que aprenderles tienes, rutinario profesor!

La actividad consistía en primer lugar en seleccionar algún problema actual que el mundo de hoy planteara a la moral cristiana y relacionarlo a uno de los diez mandamientos. Posteriormente había que dibujar el trabajo a partir de tres preguntas: ¿Qué piensan los que están a favor del problema seleccionado (aborto, homosexualidad, eutanasia, divorcio, etc, etc)?, ¿Qué dicen los que están a favor del problema seleccionado que dice la Iglesia Católica sobre el problema?, ¿Qué verdaderamente dice la Iglesia Católica sobre el problema seleccionado? Narrar tres historias diferentes, tres mensajes diversos, y ante ellos expresar su opinión personal. Como profesor pude deleitarme con las aventuras que corrieron para hacer el trabajo: religiosas y religiosos saliendo a la calle, a entrevistarse con la gente común y corriente, para preguntarles qué piensan y por qué lo piensan; religiosos y religiosas lanzando mensajes en redes sociales, mediante la tecnología y comunicación actual, para recabar las impresiones de los internautas. Resumo esta actividad en una palabra y en dos dimensiones: ¡aprendizaje!, aprendizaje de las y los alumnos, aprendizaje del profesor. ¡Demos gracias a Dios!

Por otro lado, y no menos importante, tuve la fortuna de acompañar al grupo saliente, quienes el día de hoy, justo con una Eucaristía se despiden de esta época de estudio en su vida. Con ellas, pues en esta ocasión, son únicamente religiosas, pude abordar la materia “Problemas éticos contemporáneos”. Intentamos juntos dar una respuesta, emanada de la Ética Cristiana, a los desafíos del mundo de hoy, de la cultura del “descarte” como bien la ha denunciado el Papa Francisco.

En esta materia, de contenido más profundo y de reflexión, revisamos una breve introducción a la ética cristiana, analizamos a la familia como espacio vital donde las decisiones éticas aparecen como una necesidad para las personas y reflexionamos sobre los siguientes desafíos: “Nuevos modelos familiares”, Aborto y Anticoncepción, Eutanasia y Encarnizamiento Terapeútico, el mito de la sobrepoblación y los “nuevos derechos”, finalizando en el gran desafío de la Pobreza que parece crecer sin freno en el mundo nuestro que hemos recibido y que habremos de heredar. ¡Hay mucho que un Cristiano puede decir en el mundo de hoy, hay mucho que un Cristiano puede proponer en el mundo de hoy!. Mi materia procura ser una invitación no solo a validar el hecho mismo de que no es malo tener una creencia religiosa y practicarla, sino a reconocer que podemos dar una respuesta a partir del Encuentro que hemos tenido en nuestra vida y que nos ha permitido trazar un rumbo nuevo para nosotros; de aceptar, sin soberbia y sin poses, que queremos dar a otros, no como imposición, sino como ofrecimiento lo mismo que nosotros hemos recibido: ¡Esperanza!

Deseo sinceramente que para cada una de las religiosas, de diversas congregaciones que me acompañaron en esta materia, estas clases de ética cristiana hayan sido tan solo un punto de partida. Un inicio del caminar de su reflexión y de su pensamiento. Necesitamos religiosas y religiosos Santos, no me cabe la menor duda, pero también les necesitamos hoy más que nunca preparados para saber brindar la respuesta, siempre amable y decidida, de Nuestro Señor Jesús, a quien la pida, la solicite o bien, simple y llanamente, esté dispuesto a escucharla.

¿Qué es educación y por qué creo en ella? Puedo preguntarme después de este inolvidable semestre, con estos dos grupos de alumnas y alumnos impresionantes:  ¡ya sé la respuesta! Educación es y será para mí: ¡La alegría de compartir!

¡Gracias por tu visita!