Comunicación

Imprevistos logísticos I

http://www.freeimages.com/profile/m4st3rm1nd
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En las últimas sesiones que tuve el gusto de impartir sobre el uso de materiales de apoyo para conferencistas, surgió el tema de lo que podemos hacer al darnos cuenta de que el material audiovisual preparado, en muchas ocasiones con ahínco y dedicación, falla o no permite la visualización/escucha de los asistentes. Para un expositor todo el mundo en ese momento parece derrumbarse. Y justo bajo nuestros pies.

Quienes ya hemos tenido esas experiencias, aunque hemos aprendido a sortearlas, no las deseamos en lo más mínimo. Cierto se puede aprender de ellas, pero no serán momentos satisfactorios. He pensado en lo cierto de aquella frase extranjera “the show must go on” (el espectáculo debe continuar) respecto la presentación ante un público. Quienes esperan nuestra intervención si bien pueden sentirse contrariados ante la falla del material previsto, no tienen porque recibir a un conferencista que se asume como derrotado, ante la dificultad,  justo antes de iniciar. Es cuando los conferencistas deberemos “sacar la casta” y hacer gala de nuestras habilidades comunicativas y la creatividad que nos permita innovar nuestra propia práctica ante este reto. Cierto es que, de antemano, podemos prevenir estas situaciones trayendo con nosotros un “plan b”. Volveremos sobre ello más tarde.

De forma regular la ventaja vendrá en favor del conferencista que haya personalmente preparado su material, pues lo conoce plenamente y podrá ir adaptándose a las circunstancias para ir compartiendo su mensaje. En cambio, los augurios no serán muy alentadores para quien gusta de “replicar” contenido preparado por terceras personas. Si no existe un dominio del material y un adecuado uso caemos en el vicio frecuente de pensar que no somos buenos expositores a menos que podamos presentar un excelente material audiovisual. Como todo en la vida, y este caso no es excepción, es prudente buscar el equilibrio.

Fallas pueden existir muchísimas. Entre varias, destaco las siguientes, aunque reconozco que no son las únicas:

  • La presentación misma.
  • El audio.
  • La calidad de la imagen proyectada.
  • El equipo de cómputo y/o videoproyector que se utiliza.
  • La instalación eléctrica.
  • El suministro de luz.
  • La resonancia del lugar.

En serio que parece que a veces el universo conspira. Y lo hace contra nosotros. Es justo reconocer que mucho puede entonces no abonar al objetivo; al de por sí complicado arte de persuadir a un público, suele anexarse un cúmulo de obstáculos que pueden, verdaderamente lo he experimentado, hacernos la vida de cuadritos como solemos decir coloquialmente.

Por este motivo dedicaré algunas entradas en este espacio para reflexionar sobre lo que puede ocurrir y cómo poder prevenir estas situaciones. Si les parece bien, apreciados lectores, reduciré el universo de posibilidades a dos escenarios: cuando falla directamente el material que hemos preparado y cuando falla el ambiente que rodea a nuestra intervención.

¡Nos vemos a la próxima!