Educación

Profesores casamenteros

Profesores y Alumnos

O sobre la importancia del plan magisterial de un curso

Nuevo semestre en puerta. Apenas unos días para iniciarlo. La experiencia acumulada en el año anterior me ha permitido reconfigurar la materia que imparto y procurar afinar, a partir de las consideraciones de quienes fueron mis alumnas y mis alumnos en ciclos anteriores, las actividades y las lecciones que se desarrollarán en los próximos meses.

Creo que para que una clase sea verdaderamente exitosa se requiere, como en muchos otros ámbitos de la vida humana, la suma de voluntades. En este caso, tanto la del profesor como la de las alumnas y los alumnos. Pero a este requisito “inicial”, habría que sumar las propias habilidades de enseñanza del profesor y la posibilidad de involucramiento con la materia por parte de las y los estudiantes. La participación de los sujetos directos del aprendizaje es condición “sine qua non” (condición sin la cual no) para el logro de los objetivos planteados. Una clase, aunque exista en ella un buen profesor con adecuadas habilidades, que se imparta sin la colaboración de las alumnas y los alumnos, no dejará de ser una sesión con tintes de monólogo.

Sumado a la voluntad de ambas partes, a las habilidades del docente y a la participación de las y los estudiantes, ocupa, dentro de las prioridades, un sitio muy importante la planeación del curso por parte de quien asiste al proceso como responsable de las condiciones indispensables para el aprendizaje: ¡el profesor! Es sumamente necesario este paso preliminar para poder aprovechar de forma amplia las oportunidades de encuentro, en cada clase proyectada, entre las y los alumnos y los objetivos del aprendizaje que la planeación debe garantizar. Pensemos en que el profesor sirve de casamentero. Por un lado las y los estudiantes que deben, porque así es la historia, cursar un conjunto de materias para obtener, al aprobarlas, un grado o título específico. Por otro lado, el conocimiento, sistematizado en objetivos concretos, que espera quién pueda utilizarlo al máximo y en el mejor de los beneficios individuales y sociales. El profesor debe tener el encanto de preparar las primeras citas, de hacerle ver a uno las cualidades del otro y viceversa. El conocimiento debe “seducir” por sí mismo al estudiante, el profesor solo prepara la atmósfera, acompaña la decoración, puede que incluso ordene un poco el menú para degustar y proponga el vino. Pero hay que tener cuidado con el que profesor no robe escena al conocimiento. He conocido muchos compañeros profesores que, desplazando al conocimiento, prefieren ser ellos el centro de atención. Humanamente es comprensible, todos podemos estar tentados, pedagógicamente el riesgo es considerablemente alto.

Como una ruta para lograr el “encanto”, el plan magisterial o el plan del curso, debe ser el principal apoyo del profesor quien, conociendo de antemano el calendario de actividades y los objetivos de la materia a su cargo, deberá aterrizar y concretar sus “intenciones” para los “futuros enamorados”.

Llevo ya algunos años preparando con anticipación mis clases; considero esta, como puede verse, un área vital para el curso que inicia y es una buena herramienta para condensar las opciones y concretar las actividades de las cuales se espera, a la par de las sesiones, obtener el romance entre estudiantes y conocimiento.

Con la finalidad de apoyar las profesoras y a los profesores que están iniciando en este ámbito de preparar las clases les comparto los puntos que suelo incluir en mis programas magisteriales y muestro un ejemplo por si es de utilidad.

Los elementos que me parecen indispensables:

  1. Nombre de la materia y nombre del profesor (sugiero aparezcan en cada hoja, sobre todo si uno imparte más de una clase puede ser de mucha utilidad encontrar este dato en toda hoja del programa).
  2. Horas dedicadas por sesión, temas y sub temas y si es posible las fechas de las lecciones o sesiones que se impartirán. Dentro de este planeador es importante incorporar las actividades adicionales a las clases (en lo particular siempre incorporo la introducción a la materia, donde explico el programa de trabajo, los exámenes parciales, el examen final y las conclusiones y entrega de calificaciones).
  3. Las actividades de refuerzo de aprendizaje, relacionadas de forma clara a los temas a revisar, que las alumnas y los alumnos deberán preparar.
  4. Indicaciones para obtener el material requerido para las actividades previstas. En ocasiones un conjunto de ligas de descarga de información, o bien una antología de textos previamente preparados por el profesor a cargo.
  5. Cronograma de entrega de actividades de refuerzo al aprendizaje. Me parece indispensable que desde el primer día el alumno o la alumna que se tome en serio la materia pueda iniciar su preparación y estudio de acuerdo a sus tiempos y actividades. No todos lo aprovechan, desde luego pero uno como profesor pone los medios y sabrán ellos si “llevan el agua a su molino”, como se dice coloquialmente.
  6. Procedimientos y criterios de acreditación de la materia. Este es un punto crucial, me parece indispensable compartir estos elementos desde el primer día para que exista claridad en el proceder del profesor y en la expectativa que tiene respecto las alumnas y los alumnos que participan como estudiantes en la materia a su cargo.
  7. Bibliografía básica con la que se ha preparado el curso y a la cual puedan recurrir las alumnas y los alumnos interesados.

Muchos otros elementos podrán agregarse, de acuerdo a los objetivos mismos y a la experiencia del profesor frente a grupo, este apenas es un pequeño bosquejo del que me permito dejar un ejemplo por si fuera de interés. Es la próxima materia que impartiré entre Agosto y Diciembre de este año.

¡Buena semana!