Liderazgo

Dos ámbitos contrapuestos, un problema: ¡identidad!

 La vida productiva en México navega en un mar agitado por dos fuerzas. Lo público y lo privado no siempre se tienden la mano. Un sector mira con desconfianza al otro, y el otro paga también con recelos. Los ciudadanos, en un caso, y los consumidores en otro, nos encontramos en medio de un constante ir y venir. Un ajetreo que tiene por fondo común una carencia completa de identidad y pertenencia por parte de las y los colaboradores de dichas instituciones/organizaciones. ¿Todo el sector público merece nuestro desprecio y molestia? ¿Todo el sector privado merece nuestra admiración y respeto?

 

Dos mundos encontrados
Dos mundos encontrados

He tenido la oportunidad, por el trabajo cotidiano y los proyectos especiales en los que he colaborado desde el inicio de mi vida profesional, de encontrarme con diversos sectores y ambientes del sector productivo y del ámbito gubernamental. Ha sido un camino de aprendizajes, de derrotas. De momentos de confianza y de temores producidos por la frustración. De todo hay.

Crecí en un entorno que tendía a cuadrar el país en dos sectores, supuestamente, muy diversos. Por un lado, el ámbito “público” asociado al trabajo gubernamental y por otro, siempre en una especie de “contrario eficiente”, el ámbito “privado”. Dos polaridades que expresaban el “México real”, según la forma en como algunos de los adultos que me rodeaban me enseñaron a ver las cosas. La vida se ha encargado de poner las ideas en una correcta apreciación. Ni todo lo gubernamental es de suyo letárgico e impensable en términos prácticos, ni todo lo privado es por ser “ausencia de autoridad pública” algo eficiente. La diferencia que encontramos, que hemos encontrado y que encontraremos si no haceos algo por cambiar, atraviesa por la reflexión sobre quiénes animan y posibilitan dichos espacios. Como siempre, las personas solemos determinar el rumbo de los grandes entramados sociales a partir de que fijamos nuestra postura, nuestra actitud y nuestras creencias ante el hecho de pertenecer, o no querer hacerlo plenamente, a la institución/organización en la que colaboramos.

Debo decir, sin temor a represalias, que colaboradores inefectivos, carentes de aquella “camiseta bien puesta”, los he encontrado en los dos frentes; liderazgos deficientes saturan muchos de los espacios y ámbitos de desarrollo tanto en la vida “pública”, como en la vida “privada”. Un punto en común en dos sectores, en dos universos en los que regularmente se decide mucho de lo que importa a las personas y a sus familias en términos concretos (pensemos en los servicios y en las políticas públicas, por no hablar de las leyes y la protección de derechos; pensemos en los bienes para el consumo y el sustento cotidiano), es la baja conciencia de identidad y de pertenencia organizacional. No solo hablo de generar y presumir bonitos “Manuales de Identidad Corporativa” sino de llevar la teoría a la práctica. Situación complicada, por donde desee analizarse. ¿Qué tanto las personas que conforman las instituciones/organizaciones hacen realidad los ideales que dicen encarnar?

Ya en ocasiones anteriores de este espacio en línea, compartía sobre la importancia de la identidad a partir del conocimiento de la empresa/organización/institución (puede verse un ejemplo aquí),pero considero necesario traer de nuevo el tema para delinear aquellas cosas que, independientemente del sector en que nos desempeñemos, no podemos darnos el lujo de hacer sin tener en cuenta el grave daño que podemos hacer a la organización/institución en la que colaboramos:

  • Emitir públicamente nuestros desencuentros con la organización en la que colaboramos, no hablo de que no se tengan (¡es completamente humano tener diferencias y desacuerdos!), pero no es oportuno ventilarlos en forma pública y en especial frente a prospectos en nuevos proyectos o clientes/usuarios ya establecidos como tales.
  • Hacer notar, frente a nuevos prospectos o clientes/usuarios, las diferencias internas de la organización o empresa. En ocasiones, incluso no sin sorpresa, me ha tocado escuchar reclamos, enojos, molestias, incluso pleitos, entre colaboradores de la organización/institución en los que, sin reparo alguno, se demuestra que no existe un rumbo definido y no solo no se colabora sino que se camina por senderos destinados al desencuentro.
  • Desconocer la historia de la organización/empresa y no tener claridad sobre su misión, visión y los valores que definen el quehacer ante nuevos prospectos o ante clientes/usuarios ya establecidos. Reflejar ignorancia sobre lo que se es puede ser uno de los pecados organizaciones más grandes. No hay claridad en la razón de ser de institución/organización.
  • Menospreciar a la competencia de la organización privada frente al cliente/usuario potencial es considerablemente negativo, al mismo nivel, divertida paradoja, de hacerle ver al ciudadano que no tiene otra alternativa más que soportar, con considerables sacrificios, el carácter monopólico del Estado. “Es con nosotros o no es” resulta en el ámbito público el perfecto sinónimo de expresar que “hay otros más, pero como nosotros nadie, así que si no nos quiere, usted se lo pierde” en el sector privado.

Espero en otra entrada, que complemente a esta, podamos comentar aquellas acciones que pueden desarrollarse para generar una verdadera consciencia de identidad en las y los colaboradores de las organizaciones/instituciones de nuestro país. Coincidirá el lector en la urgencia de esta encomienda y en la carencia, que tenemos y constatamos, del poder que pude dar en términos sociales el reconocerse cual se es, pues este primer paso permite fijar el rumbo a lo que puede ser.

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