Impacto positivo en tu audiencia
Comunicación

¿De qué sirve una #conferencia?

Imagen cortesía de Pixabay
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He escuchado el argumento muchas veces: en el norte, en el centro y en el sur, ¡pareciera que está en todos lados! En sectores modestos y en fastuosos ambientes. En ocasiones, se le menciona en labores dirigidas a la enseñanza; en otros momentos se le saca a relucir para evidenciar alguna carencia organizacional o institucional. Me ha tocado verlo, amenazante, en el ámbito de la prevención de riesgos psicosociales que pueden hacer presa de las y los adolescentes; también ha dejado sentir su presencia en diversas comunidades que requieren apoyo, como pueden ser las familias, los planteles educativos o los miembros de organizaciones diferentes. No siempre es la misma intensidad, aunque de fondo se encuentra el mismo inconveniente. Y en cierta forma, lo comprendo pues sé que como argumento tiende a parecer más un mito.

El argumento dice más o menos así:

Las conferencias no puden realmente hacer variar mucho la realidad. No sirven; son visibles y puede hacerse gala de ellas, eso sí, pero no colaboran a transformar a quienes participan en dichas actividades. Lo que realmente funciona, es que se experimenten procesos vivenciales que aseguren una mejor interacción con los contenidos y conceptos que se desean posicionar en una determinada audiencia.

¿Por qué se llega a una conclusión como esta? Me parece que entre otros elementos, podríamos resumir en dos aspectos relacionados más allá de lo que realmente se piensa:

  • Un conferencista que no ha hecho bien su trabajo, pensemos en un conferencista poco claro y con nulas o escasas habilidades de interacción con su público. Recuerde, en este momento el lector de estas ideas, algún pésimo expositor de un tema y tendrá la imagen adecuada de lo que este concepto significa. Un mal expositor efectivamente hace que las conferencias no funcionen, posiciona en nosotros como audiencia la idea de que “venir hoy, a este evento, no ha servido de nada”. El problema es que allá afuera, en el “mercado de conferencistas” tenemos muchos “charlatanes” e “improvisados” que contribuyen a cimentar este argumento; contribuyen pues, mediante su pésima práctica profesional a despojar de certeza y utilidad una vía comunicativa y pedagógica de gran potencia. Un mal expositor afecta a quienes dedicamos nuestra trayectoria a las intervenciones frente a público, así como un mal profesionista ensucia la reputación de un gremio.
  • La presencia en el evento de una serie de recursos de apoyo al expositor que no contribuyen a lograr el aprendizaje significativo de quienes participan en la actividad; pensemos un material didáctico o de presentación considerablemente ineficaz. Recuerde, en este momento el lector de estas ideas, la ocasión en que le presentaron en una intervención frente a público 3,500 diapositivas cada una con 15,000 palabras (la exageración pretende ahora ayudarnos).

La falla entonces está en quien ha preparado la intervención y en quien es verdaderamente incapaz, por carecer de habilidades concretas, de impactar positivamente a la audiencia.

La conferencia, en cuanto técnica comunicativa concreta, posee utilidad y es importante rescatarla y promocionarla. ¿De qué sirve entonces una conferencia? Resumo en el siguiente esquema:

Sensibiliza, Facilita, Motiva y Orienta
Sensibiliza, Facilita, Motiva y Orienta

Desde luego que existen otras modalidades de intervención como puede ser un seminario, un taller,  o un curso que son también altamente efectivas. Son actividades no contrarias, sino complementarias. La conferencia aborda las grandes ideas que, en otros espacios de reflexión, podemos profundizar y aprovechar al máximo. Tenemos que visualizar una buena conferencia como una puerta, una primera puerta, y sí es adecuadamente construída y ofrecida a la audiencia, es una puerta verdaderamente ancha que permite el acceso al conocimiento y a la reflexión a todo aquél que quiera entrar.

Una conferencia, bien fundamentada, bien preparada, bien implementada, bien apoyada con un material adecuado,  debe ser en sí misma considerada como un proceso vivencial específico. Un microproceso, sí se quiere. Pero es de suyo una experiencia transformante para quienes en ella participan. La percepción se mueve, en cualquier tema, a través de un expositor habilidoso y un adecuado material de respaldo. La gran virtud de una conferencia es que puede mover la forma de ver el mundo, nos permite enfocar la atención y encontrar nuevas alternativas en tiempo relativamente corto. Una buena conferencia rompe prejuicios, explica mitos y anula falsas creencias. Sus ventajas están a la vista de todos, pero debemos preocuparnos, quienes nos desempeñamos como expositores, en hacer valer la gran utilidad que reviste. Pensemos en términos literarios, la eficancia de la conferencia es la lógica inmersa en un cuento. No es una novela, pero comparte con la audiencia lo que ésta requiere para provocar un proceso específico en quienes la escuchan.

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