Comunicación

5 puntos básicos a cubrir en una presentación

Imagen Cortesía Pixabay
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Culturalmente nos gusta pensar en grande. He ahí una oportunidad que a veces demuestra su arista de vicio. Tendemos a construir grandes proyectos, poco importa que en ocasiones los planos no se materialicen en construcciones probadas en el mundo de lo “real”. Planeamos, estudiamos, consideramos, analizamos, juzgamos, inclusive decidimos, pero en poco momentos “ejecutamos” de forma adecuada. Esto que sucede en muchos campos de la vida cotidiana, también acontece en esta profesión del hablar frente a público.

Puede ocurrir que nos invitan, amablemente, a compartir algún tema ante una audiencia determinada. Tenemos tiempo suficiente de preparar y queremos abarcar mucho en el poco tiempo que ha sido concedido a nuestra exposición. Nos sentimos halagamos y entusiasmados. La mente de todo expositor comprometido con su quehacer inicia entonces un viaje de exploración respecto las posibilidades diversas de impactar a la audiencia y posicionar el mensaje. Pueden aparecer muchas estrategias, tendemos a pensar en alternativas no siempre sencillas para implementar. Puede suceder por tanto que construímos una imagen muy elaborada de nuestra actividad frente a grupo que, tristemente, a la hora de materializarse en la exposición no produce el efecto perseguido y no logra los objetivos planteados. Abarcamos mucho, pues, y apretamos poco como dice el refrán popular. La frustración entonces tiende a aniquilar el entusiasmo.

En este oficio, como en la arquitectura minimalista, lo indispensable se revela como la máxima para la construcción de aquello que habremos de ofrecer. Hay que ser expositores sobrios, hay que construir mensajes careciendo de “adornos superfluos”. Queremos construir el mejor de los ejemplos, y no hablo aquí de mala intención pues podemos perseguir el más honesto de los fines, y terminamos convirtiendo el ejemplo, la analogía, en el concepto. Resulta pues que confundimos a la audiencia; en lugar de generar claridad, hundimos a las y los participantes en un pantano de estímulos que tiende asfixiar la atención del más comprometido al inicio. Sé de expositores, por ejemplo, que en un tiempo corto de duración de su intervención, gustan de colocar más de 7 vídeos consumiendo el tiempo frente a grupo sin generar un verdadero proceso de cambio, bosquejan el inicio de un “cine-club” más que compartir, “dar”, algo a quien les escucha. Hay quienes prefieren mover las emociones, con vídeos polémicos o imágenes controvertidas, sin mayor interés que “alterar” a quien escucha.

Ante un panorama como este, creo que es necesario que todo expositor que persigue ser eficiente en su comunicación, tenga un “compromiso” con lo mínimo a compartir con una audiencia. Por ello comparto contigo 5 puntos básicos a cubrir en una presentación:

1. Clarifica el tema y el objetivo frente a quien te escucha

Ten presente y por cierto aquello que deberás “colocar” en la audiencia. Define lo que persigues con tu tema y tu presentación. ¡No te desvíes!, todo aquello que se “agregue” a tu discurso debe perseguir la misma finalidad que tú buscas, o que busca quien te ha convocado ante un grupo.

Algunas frases que pueden ayudarte son las siguientes:

“Hoy hablaremos de….”, “Estamos aquí para…”, “Es importante este tema porque…”, “Lo que aquí diremos te servirá para…”, etc.

Si la audiencia reconoce el “beneficio” que obtendrá por escucharte, su compromiso ante tu persona y tu mensaje se incrementará. ¡Podrás notarlo de forma inmediata!

2. Comparte una estructura, una forma de abordaje del mensaje, con quien te escucha

Ya que has establecido lo que se persigue, no temas compartir con tu audiencia cómo buscas lograr aquello que es relevante. Hacerles saber la forma en que trabajarás, aunque al principio lo dudes, puede representar importantes ventajas al momento de interactuar. Compartir “poder” con tu audiencia será siempre más redituable que buscar “imponerte” a través de tu habilidad y tus conocimientos.

Algunas frases que pueden ayudarte son las siguientes:

“Para lograr nuestro objetivo revisaremos juntos estas ideas….”, “Para que puedas aprovechar al máximo este tiempo que compartiremos te propongo que….”, “Con la idea de obtener el mayor beneficio de esta oportunidad de conocernos tengo pensada esta ruta de trabajo…”, etc.

Todos sentimos que aprovechamos mejor nuestro tiempo cuando sabemos cómo se invertirá y de qué manera se espara que yo, como audiencia, me relacione con el mensaje y el expositor.

3. Incluye recursos que, por sí mismos, la audiencia pueda relacionar a la temática.

Hoy en día las posibilidades interactivas de una exposición son múltiples, la cantidad de recursos adicionales de los que podemos disponer es verdaderamente “colosal” (vídeos, audios, imágenes, diseño de esquemas/infografías, etc). ¡Pero hay que saber elegir!, incluye solamente lo que verdaderamente pueda la audiencia relacionar con el tema y el objetivo. No agregues a tu presentación lo que a ti te gusta, sino lo que puede no solo gustar a tu audiencia, sino lo que les puede “incluir” de manera directa con lo que persigues. Si la relación entre el tema y el recurso adicional no queda suficientemente clara, te encontrarás con que has puesto, casi sin querer, a las y los participantes enmedio del pantano de información y te puedes sentir tentado a “dejarlos ahí” pues es muy dífícil poder sacarlos a todos de la confusión.

Algunas frases que pueden ayudarte son:

“A continuación revisaremos un vídeo, escucharemos una canción, analizaremos una imagen, te pido puedas tratar de encontrar la relación entre este material y nuestro objetivo”, “¿Alguien puede compartirme la relación que encontró entre lo observado/escuchado/analizado con nuestro tema de hoy”, “Lo que acabamos de ver/escuchar se relaciona directamente a nuestro tema, fíjate cómo…”, “Me permitiría destacar que la importancia de este material, frente a nuestro tema, se relaciona de forma directa a…”, etc.

Nunca incluyas en tus presentaciones algo impactante que no puede, de ninguna manera, relacionarse directamente con la temática revisada en tu exposición. Más que ayudarte, te complicará las actividades.

4. Demuestra seguridad en aquello que compartes con la audiencia.

Este punto es sumamente relevante Las audiencias tienen a “detectar” la inseguridad. ¡Tienen un poderoso escanner! Saben leer tu comunicación no verbal, saben interpretar los titubeos, incluso la sudoración que no alcanzas tu mismo a distinguir. Si has preparado tu tema, si has clarificado tus mensajes no solo beneficias a quienes te escuchan sino que te ayudas a ti mismo, a ti misma, a controlar de mejor forma los nervios entorno al logro de lo que persigues respecto tu mensaje.

Algunas frases que pueden ayudarte son las siguientes (lógicamente en sintonía con tu lenguaje corporal, en tu comunicación no verbal):

“Estoy convencido de que…”, “Tengo plena seguridad en que…”, “No tengo miedo de decirte que…”, “Me parece este punto muy importante porque…”, “Esto que hemos dicho es necesario tenerlo presente para…”, “Yo creo que…”, etc.

Si no crees de verdad en el mensaje que compartes, si no estás convencido de lo que has preparado y de la importancia de las ideas que expones para quien te escucha perderás en seguridad frente a la audiencia. Nunca digas algo de lo que no estás plenamente convencido, comparte aquello en lo que tú mismo, tú misma, tienes plena certeza.

5. Brinda alternativas que te trasciendan.

No eres tú, como expositor como expositora, la medida de las cosas. No agotas los temas y sus aristas, aunque hayas tenido una exposición profunda y plena. Visualízate como una puerta de entrada, como un medio que la audiencia ha conocido para aprovechar la información, para encontrar alternativas pero, sobre todo, para iniciar un proceso de búsqueda motivados por la transformación que, de forma eficiente, has provocado.

Algunas frases que pueden ayudarte son las siguientes:

“Si te interesa saber más de este tema te sugiero…”, “No es este el fin del camino, es apenas el principio por lo que te recomiendo…”, “Es importante continuar profundizando lo que aquí hemos compartido por lo que te sugiero…”, “Si esto que hemos dicho es importante para ti quiero dejarte algunas referencias que pueden ayudarte”, etc.

No te despidas sin brindar “pistas” para el camino; comparte tus mapas, brinda, sin temor, referencias que pueden estar siempre disponibles a la audiencia que puede interesarte en el tema y que desea “saber más”. Quien lo necesita lo aprovechará; quien ahora no lo necesite, puede requerirlo más adelante. Piensa en tu exposición como en las “cápsulas del tiempo” que alguien, tiempo después de que han sido colocadas, encuentra y fascinado las revisa y aprende de ellas.

Menos es más, partir de lo básico, volver incluso a ello, genera un mejor impacto. Te invito a que lo pruebes en tu próxima presentación. Estoy seguro que te será de utilidad.

¡Nos vemos a la próxima!

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