Liderazgo

Va mi espada en prenda…líderes y jefes

Imagen obtenida de: http://www.codigodiez.mx/cronicas
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Recuerdo mucho aquellas tardes. En fin de semana. No era por la mañana, pues esta se dedicaba a preparar la comida que amablemente nos ofrecería; por la tarde había un poco más de tiempo. Era como si fuera yo un alumno, uno de sus antiguos alumnos; interesado le escuchaba. Conocí la historia de México, en gran parte por ella. Más que memorias de nombres y fechas, se estimulaba el asombro respecto sucesos, batallas y crónicas épicas del imaginario colectivo. La historia parecía cobrar vida en sus palabras, en mi mente aquello que decía se transformaba en nítidas imágenes de viejas glorias. Era sin duda mi abuela, una mujer dedicada a la enseñanza.

Recuerdo en especial la anécdota de la Toma de Oaxaca, en el periodo de Independencia de México. Guadalupe Victoria, ante una tropa de soldados dudosa, y con el temor de perder la preciada oportunidad que hiciera gala de su apellido autoimpuesto, lanza una frase que inmortaliza: “Va mi espada en prenda, voy por ella”. Acudiendo a pecho descubierto al enemigo y contagiando de “espíritu” a quienes dudan la empresa llega a buen puerto al lograr el objetivo. El líder revolucionario se asume como motor de cambio no desde la perspectiva teórica sino de la más pura e inmediata acción, comprometer la propia vida en función de la finalidad que se persigue.

Me acordé de esto hace unos días al reflexionar sobre el papel del liderazgo y el papel de “jefe”, mismo que tengo que ejercer en el espacio profesional y laboral en que me desenvuelvo. Algunos sucesos, que no vienen al caso para ser descritos aquí, suscitaron estas ideas. Creo que estos dos adjetivos, que muchos tienen a igualar, no siempre corresponden. Conozco líderes que no ostentan jefatura, cargo o nombramiento alguno, y conozco jefes que no desarrollan la habilidad del liderazgo. En ocasiones he pensado, más de una vez, que uno puede elegir el rol que corresponda a las necesidades de la organización, y del equipo que se comanda, en pos del logro de un objetivo concreto.

Hay veces que el equipo necesita un líder, un motivador, un detonante de la potencia que se guarda en cada uno de los integrantes. Por el contrario, aunque pareciera dictatorial mi comentario, hay ocasiones, y no pocas desde luego, en que debe asumirse un rol más firme, en ocasiones distante, para mantener determinado nivel de control en tareas, funciones e incluso en la dinámica de interacción del equipo en sí mismo considerado.

Un líder, ejerciendo adecuadamente su habilidad, siempre conectará con el ámbito emocional y de motivación del grupo y de cada una y cada uno de los colaboradores; tiene por estrategia estimular al compromiso personal y reinvindicar el sentido, trascendente, de las tareas, desde las más sencillas a las más complejas. Un líder, en resumidas cuentas, es una autoridad moral. Lanza la espada, se compromete con la causa e incentiva al logro del objetivo. Él, es siempre el primero en mostrar con el ejemplo los ideales que permiten obtener el triunfo.

Un jefe, que reconozca la trascedencia de su rol directivo, deberá por el contrario conectar al equipo con sus responsabilidades y obligaciones; tendrá por estrategia hacer presente el deber ser, lo qué debe y cómo debe hacerse. Y en esto, aunque cabe mucha flexibilidad, hay que tener clara la importancia de los límites y el respeto a cada una y cada uno de los colaboradores. No propongo autoritarismo, propongo autoridad. Que no es lo mismo. Antes de la refriega, el jefe planifica los recursos; obtenida la victoria, la administra y extiende el mayor tiempo posible.

Hay ocasiones concretas en que los roles se dan en la práctica de forma conjunta, pensemos en un proyecto complejo que debe realizarse y que combina que el responsable ejerza como líder y como jefe. Habrá otras ocasiones, en qué la balanza requiera enfatizar uno u otro. Y en esto, como en muchas otras áreas, la experiencia es determinante. Hay que saber medir el pulso, hay que saber establecer el “tono” de la interacción y la finalidad de la misma.

Algunas preguntas que pueden ayudarte, para saber qué rol, debes tomar en una situación concreta son:

1. ¿Qué necesita mi equipo de mí para lograr el objetivo?, ¿Qué esperan de mí como líder de un proyecto?, ¿Qué esperan de mí en cuanto responsable administrativo, jefe, de un área, equipo u organización? 

2. ¿Cómo funciona el equipo de trabajo en la búsqueda del logro del objetivo?, ¿Cuáles son las fortalezas del equipo?, ¿Cuáles son las debilidades del equipo? 

3. ¿Qué se requiere en términos de organización interna? ¿Qué funciones están claramente delimitadas?, ¿Qué funciones, regularmente implícitas, conviene hacer explícitas dentro del grupo?, ¿Qué tiempos y fechas de entrega deben considerarse?

4. ¿Cómo aprendo a encauzar la sensibilidad y emociones de los miembros del equipo?, ¿cómo incluyo a las y los colaboradores en las decisiones grupales en las que pueden participar?, ¿Qué puede ser flexible en los acuerdos de trabajo y en la organización de las tareas?, ¿Qué no puede estar sujeto a flexibilidad dentro del ámbito laboral?

Es importante saber cuándo lanzar la espada, cuándo encarnar en nosotros mismos en cuanto líderes una actitud proactiva, propositiva; pero es igual en relevancia, para el triunfo que buscamos, aprender a administrar la autoridad y hacerla lo que debe ser: ¡un verdadero servicio y nunca una imposición!

Gracias por acompañarme al inicio de este 2015,

¡que sea un gran año!, nos leemos luego.