Educación, Era Digital

Pasando la estafeta

Definitivamente se viven muchas aventuras cuando uno tiene la dicha de desempeñarse como profesor. Si bien existen muchas ventajas, y una que otra desventaja, cuando se está enamorado de esta posilidad profesional el entorno, ciertamente, se facilita bastante. Como muchos otros profesores, lo soy por el gusto y la satisfacción de un trabajo en silencio, permamente, y gradual. El gozo en lo pequeño es siempre la alegría del que enseña. El progreso académico no es obra de un plumazo sino de la constancia y de la sinergía entre quien enseña aprendiendo y quien aprende a aprender para después, sin temor te lo digo, referir a otros aquello que ha descubierto y comprendido. El conocimiento que no se comparte se estanca y, nos guste o no, se pudre. Ser profesor es pasar una estafeta, es brindar lo necesario para que otros emprendan el camino que, tarde o temprano, les abrirá a los otros. Un camino con ramificaciones y senderos eminentemente diversos.

Acompaña mi reflexión al cierre de un semestre más que ha concluido de forma satisfactoria.

Cortesía Pixabay.Com
Cortesía Pixabay.Com

En estos días recientes terminé uno de los semestres más productivos en mi corta carrera como profesor. Me siento muy orgulloso, como pocas veces, del rendimiento y compromiso demostrado por mis alumnas y mis alumnos. Tuve a mi cargo dos grupos, ambos “intelectualmente inquietos” y con mucha disposición ante el programa propuesto y ante las sesiones impartidas. Cada sesión doble de los lunes, era para mí una oportunidad no solo de ofrecer un servicio a mis alumnas y alumnos, sino una experiencia de aprendizaje y crecimiento personal.

¿Qué fortalezas encuentro en el trabajo realizado?

Busqué preparar sesiones que no fueran áridas, sino más bien que, precisando lo necesario, nos permitirán revisar los detalles a cubrir en el programa de una manera interesante. Como ha sido costumbre reciente, incluí dentro de las sesiones algunos recursos que rompen la dinámica habitual de una clase: audio, vídeo, lectura, algún trabajo en conjunto, algún ejercicio de análisis personal del conocimiento. En particular creo que la selección de actividades de aprendizaje (tareas y trabajos) fueron excelentemente preparadas y entregadas por la mayoría de las alumnas y los alumnos. Pequeñas actividades en tiempo, pero articuladas a los objetivos y relacionadas inclusive a los propios exámenes aplicados (tanto el parcial de cada materia como el final) nos permitieron alcanzar los mejores resultados que he tenido en la Institución Educativa en la que participo.

La remisión, posterior a cada sesión, de cada una de las clases (incluyendo presentaciones, documentos complementarios, comentarios y demás recursos adicionales) ha sido también un incentivo para aquellas alumnas y aquellos alumnos que fueron dando seguimiento al semestre semana a semana. No me cabe la menor duda: ¡la calidad es una moneda de intercambio en el aula!: si uno como profesor acomete con empeño su labor las y los alumnos saben responder, y con creces, a los pobres esfuerzos de quien intenta enseñar desde el aprendizaje cotidiano. El aprendizaje entonces no es una suma de chispazos y buenos momentos, es la realidad que se cosecha con el esfuerzo cotidiano de los involucrados en el proceso educativo. 

¿Qué oportunidades encuentro en el proceso formativo que conduciré nuevamente en unos meses a partir de la experiencia vivida?

A pesar las fortalezas que pude detectar en el semestre reciente, yo mismo soy consciente de las fallas y limitaciones: ¡supe en qué momento falló el guión previo y qué cosas son necesarias a pulir con urgencia! (me ha ayudado, también debo decirlo, la reciente retroalimentación que el equipo coordinador nos ha entregado a los profesores)

Hoy me queda más que claro que para vivir nuevas y mejores aventuras en las aulas, tengo como prioridad algunas mejoras concretas para las alumnos y los alumnos que habrán de llegar en agosto a compartirme su energía y decisión:

  • Apoyar con métodos y técnicas de estudio, que si bien no son el centro de la materia, pueden ser de utilidad a las y los alumnos que llegan a la institución sin la preparación adecuada.
  • Apoyar la “alfabetización digital” de mis alumnas y alumnos, haciendo de ellos nativos conscientes de la sociedad del conocimiento. Permitiendo que encuentren beneficios y ventajas en el uso de la tecnología, dentro y fuera de clase, para favorecer el aprendizaje.
  • Compactar y encauzar, aún más, las actividades complementarias a las clases (trabajos, tareas, etc.) para armonizar el tiempo dedicado a cada materia y a cada alumna y alumno.
  • Mejorar la comunicación posterior a cada una de las sesiones, mediante una lista de correo automatizada y un espacio virtual que de seguimiento a la clase presencial.
  • Fomentar el trabajo colaborativo, con adecuada supervisión y seguimiento para evitar el exceso de trabajo en equipo, entre los miembros de la clase.

Ya les iré contando cómo van los ajustes, cuando inicie un nuevo semestre y pueda materializar estas áreas de oportunidad. Ahora, con agrado y compromiso, puedo decirles que he entregado ya las estafetas que me han sido dadas con antelación. Uno de los grupos continuará, y habrá posibilidades de encontrarles más adelante; otro de ellos, ha partido ya, con profunda madurez, a una nueva etapa de vida. ¡Dios acompañe y sostenga a todas mis alumnas y todos mis alumnos, religiosas y religiosos, que habrán de dedicar su vida a difundir el mensaje de Cristo Nuestro Señor!

¡Enhorabuena!

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