Comunicación

Cómo cerrar con fuerza tu #conferencia

Cortesía PixaBay.Com
Cortesía PixaBay.Com

He sido testigo en recurrentes ocasiones; en otras, yo mismo me he visto como protagonista de este verdadero drama. Todo parece marchar bien a lo largo de la exposición, el conferencista y el grupo se sienten a gusto. Parece que absolutamente todas las piezas del rompecabezas se han ordenado; sin embargo al momento de “cerrar”, al instante mismo de colocar la llave para asegurarnos que el mensaje haya quedado “guardado”, nos damos cuenta que la cerradura no funcionó. Ante nuestros ojos, ante nuestro orgullo y ante nuestra capacidad, nuestra exposición, esa que tanto preparamos y por la que tanto nos esforzamos, se va a pique a pesar de todas nuestras capacidades y conocimientos.

El cierre de una conferencia requiere un verdadero movimiento maestro del expositor que otorgue coherencia y fuerza al mensaje compartido, que nos permita “asegurar” el mensaje compartido. Acompáñame en esta reflexión que tiene por objetivo ayudarte a que tu conferencia cierre con fuerza y que tu mensaje quede posicionado en la audiencia con la que has venido trabajando con empeño.

Recuerdo, con frecuencia, unos versos del poeta peruano César Vallejo. Su poema “Los heraldos negros“, fueron una puerta de entrada al mundo del verso en mi adolescencia. Su franqueza para enfrentar desafíos y situaciones imprevistas en la existencia me atrapó desde el primer momento y ha seguido conmigo todos estos años. La dureza del acomodo de sus letras suele desnudar el alma; la frialdad de su descripción, ante los golpes bajos de la vida, suele desarmar cualquier tipo de defensa que tratemos, humanamente, de interponer ante la adversidad.

Si bien he tenido presente este pequeño poema, me acuerdo con mayor fuerza de los versos del peruano al ver cómo un expositor, poco antes de despedirse de su audiencia, fracasa en el objetivo perseguido casi al finalizar su intervención frente a grupo. Tal como dice el poema, hay ocasiones en que los golpes sangrientos de la vida son las “crepitaciones de algún pan que en la puerta del horno se nos quema”. ¡Que buena imagen para una conferencia que falla al cerrarse! Ese día, y con algunos avisos en el camino recorrido, le llegó un “heraldo negro” al expositor en turno y no pudo, aunque se ve que quiso, rechazar su invitación a la desgracia. El pan se quemó en la puerta del horno. ¿Cómo aprender de este reto? Te comparto 3 recomendaciones generales a continuación. 

3 puntos que pueden ayudarte :

Tres pasos para lograr impacto
Tres pasos para lograr impacto
  • El cierre se prepara desde el inicio y se concreta en  la parte media de la intervención, aunque se ejecute después.  

Tendemos a pensar que una conferencia tiene básicamente tres partes: inicio, desarrollo y cierre. Pero en la práctica les observamos, la mayoría de las veces, como episodios aislados, sujetados a penas por cierta lógica tambaleante. Si te preocupas por la “unicidad” de tu intervención, por darle coherencia a estos tres momentos, el cierre tendrá la fuerza necesaria. 

Vamos trabajando el cierre desde el momento mismo en que iniciamos, pues cada palabra que mencionamos, cada recurso que utilizamos, está dirigido al momento de la conclusión del tema ante la audiencia y por la audiencia (como veremos más adelante).

Si por ejemplo, durante tu inicio eres capaz de plantearle a tu audiencia objetivos claramente definidos a modo de beneficios que se lograrán en conjunto, éstos, en términos de evaluación, deberán hacerse patentes al cerrar tu intervención. Si mi objetivo es que una audiencia, digamos de padres y madres de familia, identifique sus áreas de oportunidad como educadores primigenios de sus hijos e hijas, al cerrar el evento puedo “verificar” si ellos son capaces de mencionar y hacer explícitas esas oportunidades de mejora.

Pero también trabajamos el cierre al momento de desarrollar nuestro tema; cada argumento mencionado, es un peldaño que nos permite ascender hacia el término de la actividad. Si los peldaños son de plástico, madera, o concreto el resultado será verdaderamente diverso. Pocos expositores conozco que van, al momento de explicar un concepto, verificando si ese concepto ha quedado claro con la audiencia. Están, al proceder de este modo, revisando la calidad de la argumentación y la claridad posicionada ante el grupo. Y esto tendrá beneficios al concluir.

Al proceder de este modo, tanto al inicio como al cierre, estamos contribuyendo a que el grupo mismo sea consciente del proceso vivido. No hay mayor fuerza en un cierre de conferencia que un grupo plenamente consciente del cambio ocurrido; si logramos que la mayoría pueda decir “cuando inició la conferencia creía esto, ahora que ha terminado estoy seguro de que es de otro modo”, estaremos seguros de que nuestro esfuerzo ha rendido frutos.

  • El cierre requiere emotividad, pero también corroboración del aprendizaje.

Conozco a muchos expositores que gustan de la emotividad, no veo mayor inconveniente salvo cuando en ello concentramos todo nuestro esfuerzo como profesionales. Me ha tocado ver cómo muchos expositores fracasan al concentrar su atención en “hacer sentir”. Algunos incluso, en corto me lo han confesado, miden su efectividad dependiendo del número de lágrimas o carcajadas (según sea el caso) que provocan en sus audiencias. La emotividad es una fuerza poderosa, pero limitada y de corto alcance, pues basa su efectividad en los sentimientos y las emociones y éstas, por característica propia, son pasajeras. Duración limitada, aprendizaje que puede evaporarse fácilmente.

La fórmula “mágica” que me parece subsana este inconveniente, es que, antes de efectuar un bálsamo de emociones y de motivación con la audiencia, nos detengamos unos minutos a efectuar una última corroboración de los objetivos perseguidos con la intervención. Aún más allá, es importante apoyar a la audiencia a elaborar su propia conclusión de la información revisada en conjunto, esto es sin duda un gran valor agregado a los objetivos perseguidos inicialmente.

Una vez que hemos asegurado el “hacer pensar” podemos pasar al “hacer sentir”, (evitando el enfoque de la manipulación de las emociones, pues es una tentación recurrente al expositor); lograremos, sin duda, brindar mayor fuerza al cierre de nuestra intervención.

Proceder de esta forma es dejar en quienes nos escuchan, dos herramientas poderosas: saber qué es posible hacer y reconocer para qué es importante hacerlo. Logramos articular ideas, palabras y acciones a través de las emociones y no al revés. Los grandes cambios proceden de la voluntad y aunque las emociones juegan un papel importante, no podemos dejarles a ellas, únicamente, el mando del barco pues el rumbo puede perderse fácilmente.

  • El cierre no es una despedida, es apenas un “hasta luego”. 

Pensar que el cierre de una conferencia es el fin de la reflexión de la audiencia es un craso error. ¡Es apenas el comienzo! Hemos, como profesionales, dejado una semilla plantada en quienes nos han escuchado y ésta, si se riega adecuadamente, puede florecer y ramificarse de mil formas diversas. Creo que una conferencia es un ejercicio similar a lanzar una piedra sobre la superficie del agua: ¡nunca sabemos hasta dónde pueden llegar las ondas! Un cierre con fuerza precisa, además del mensaje compartido, brindar una serie de elementos adicionales que ayuden al nacimiento de la semilla, a que la piedra continúe brincando y expandiendo su fuerza e influencia. 

Las audiencias se despiden el expositor, puede existir una nula probabilidad de encontrarse de nuevo. Pero no se despiden del mensaje, ¡no deberían hacerlo! El expositor, si es eficaz, deja una “herencia”. A la audiencia le corresponde cobrarla, y para que pueda hacerlo es conveniente recomendar cómo ampliar la perspectiva. Bibliografía adicional, información complementaria, películas, documentales, música, escritos en la red, etc. Cualquier pista que se deje sobre la mesa, ayudará a que las audiencias, con su propio viaje y medios, vayan encontrando el tesoro que quedó marcado con una enorme “X”. 

Quedar, por otro lado, a las órdenes del auditorio, a través de redes sociales, o construir un estrado virtual, pueden ser excelentes formas de brindar un escenario de contiuidad a lo experimentado y brindar esta opción de “hasta luego”; posicionamos un cierre que se prolonga con un nuevo comienzo. La esperanza de continuar, siempre brindará fuerza a cualquier mensaje.

Cerrar con fuerza una conferencia, como has podido ver, es un paso importante en tu trayectoria como expositor. Es una verdadera estrategia que puedes planificar en la construcción de tu tema. Estoy seguro que estas tres recomendaciones te serán de utilidad, y para evitar contratiempos adicionales en la próxima entrada del sitio, dedicada a los conferencistas en desarrollo te compartiré “Cómo tener un plan salvavidas, si tu conferencia es un naufragio”. 

¡Hasta pronto!

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