Liderazgo

Jefes que truenan dedos

Cortesía PixaBay.Com
Cortesía PixaBay.Com

En la vorágine de las últimas semanas me he encontrado con escaso tiempo para la escritura, aunque han sucedido considerables asuntos que, por inverosímiles, merecerían el que se dejara algún tipo de rastro. De entre todo lo que podría reseñar, en ocasiones creo que me excedo pensando que todo puede ser suceptible de aprendizaje, he decidido concentrar la mirada en un asunto de considerable interés para mí, y por lo que sé, de considerables lectores de este espacio.

Me he encontrado de frente con aquellas cualidades negativas, verdaderamente encarnadas, que podemos encontrar en muchos jefes dentro de nuestras organizaciones públicas y privadas en el país. Jefes que truenan los dedos representan, tarde que temprano, un alto costo para las organizaciones. El autoritarismo que se disfraza de autoridad conlleva desgaste, en quien dirige y en las personas que conforman un equipo de trabajo. Se reconozca o no. Como bien argumenta John Maxwell las personas no renuncian a los proyectos, sino a quien los liderea. Las personas no dejan a las organizaciones, suelen abandonar a los jefes ineptos y poco considerados que buscan, mediante, el chasquido que las cosas mágicamente sucedan.

Te planteo algunas recomendaciones concretas para reflexionar sobre tu liderazgo y encauzarlo desde una óptica del servicio. ¡Acompáñame!

 La primera experiencia negativa ocurrió al proyectar una nueva iniciativa. Como todo proyecto que nace, precisa atención, constancia y seguimiento a su desarrollo. El jefe de la iniciativa, por parte de otra instancia, se ha revelado como una cabeza que piensa la mayor parte del tiempo en tronar los dedos. Una posición ciertamente contradictoria pues gusta de que todo lo que la iniciativa requiere pase única y exclusivamente por su autorización y aunque ha delegado colaboradores para dicha tarea a leguas se percibe que no confia en ellos. Esta desconfianza, como puedes adivinar, por ósmosis es asimilada por quienes conviven con la responsabilidad de sacar el proyecto adelante. La desconfianza genera también, en términos prácticos, un efecto de embotellamiento. La iniciativa no avanza pues el equipo, aunque quiere dedicar el tiempo y cree en el proyecto, no encuentra reflejo en quien les dirige. No hablo de una relación de igualdad y camaredería, hablo que lo mínimo que un equipo requiere es que se le considere capaz de lograr las cosas que se han propuesto. Este ejemplo de jefe que truena dedos es, para mí óptica, un ejemplo claro de lo que NO debo hacer con mi liderazgo.

Otro contexto completamente diferente, pero de fondo una realidad similiar. En otra aventura profesional encontré recientemente a una “autoridad pública” con aires marciales y jerárquicamente determinante. En este esquipo de trabajo, se es alguien si se aparece clara y contundentemente en el organigrama. El jefe que truena dedos gusta de un protagonismo particular. A todo el que llega, a todo el que cruza por su oficina, debe quedarle claro que él es el que manda y el que decide. Un verdadero complejo de Tlatoani. Él, y no exagero cuando lo escribo, es quien funda la realidad de las cosas en el contexto de su organización y ante su equipo. Y como decía aquél filósofo: si la realidad no coincide con su mente, es un problema de la realidad. Teníamos una reunión con una persona de su equipo para dar seguimiento directo a un proyecto; la reunión se había postergado por algunos meses. Pudimos lograrla después de muchos “empates de agenda”. Al llegar a la reunión, apenas iniciada, la persona que nos recibía tuvo que salir corriendo pues le “tronaron los dedos”, es decir, en ese momento el jefe, sin considerar las propias actividades de su equipo, le llamó a su presencia. ¡Ay de aquél que no obedezca los designios! Lógicamente, el proyecto en cuestión está detenido y sin mucha esperanza de proseguir. Un líder, y no un jefe, sabe que quienes forman parte del equipo pueden trabajar y producir para la organización si hay un correcto balance entre el avance personal y las necesidades concretas que él como responsable pueda tener y requerir en momentos específicos. La prioridad de los proyectos no está peleada con la productividad de cada una de las partes que integran el proyecto. Un líder se parece mucho a un director de orquesta que, conociendo la partitura, da a cada instrumento el momento y el tiempo que requiere para que éste pueda lucir dentro de la armonía. 

A partir de estas breves reseñas, que no son en rigor suficientemente descriptivas, podemos obtener algunas caractertísticas positivas:

  1. El liderazgo como servicio es una renuncia al poder por sí mismo. Un líder sabe que no está el equipo para responder a sus necesidades sino que él debe responder a las necesidades del equipo. Este cambio de óptica no es sencillo y requiere tiempo y esfuerzo, como toda disciplina que vale la pena.
  2. El liderazgo como servicio precisa confiar en el equipo de trabajo y en cada uno de sus integrantes. Confiar en ellos no significa abandonarlos, sino brindarles el espacio para asumir la responsabilidad y comprometerse con la iniciativa y la organización.
  3. El liderazgo como servicio requiere, por parte de quien dirige, un adecuado conocimiento de los colaboradores y un reconocimiento de las áreas de fortaleza y oportunidad de cada uno. Promover la fortaleza y solventar la debilidad requiere de un líder que renuncie, conscientemente, al chasquido de dedos como vía de reconocimiento y eficacia.
  4. El liderazgo como servicio obliga a una valoración del tiempo y a un adecuado sistema de prioridades respecto las exigencias de los proyectos dentro de las organizaciones. La imagen propuesta del líder como un director de orquesta puede ayudar a comprender la necesidad de esta característica dentro del contexto inmediato.

La gran reflexión que debemos plantearnos los que desempeñamos alguna labor de liderazgo atraviesa por dos momentos con preguntas específicas:

  • ¿Qué tipo de líder soy?
  • ¿Qué tipo de líder quiero y debo ser?

Espero las ideas aquí vertidas te ayuden en tu propio caminar. Si deseas profundizar en la reflexión del liderazgo como servicio checa aquí los detalles de #liderazgotransformador

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