Catolicismo, Familia

Subjetividad Social de la #Familia

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Cortesía PixaBay.Com

Todo mundo habla sobre la importancia de la familia, pero en los hechos pocos reconocemos su importancia social en cuanto una “comunidad de personas”. Afirmar que la familia es un sujeto social, que debe ser reconocido, promovido, fomentado y defendido implica un cambio de perspectiva. Hoy que defendemos la ecología, estamos llamados a defender el verdadero hábitat natural del ser humano, hagamos ecología humana y atrevámonos a reconocer la realidad familiar, resultante de la unión del varón y la mujer en matrimonio, más allá del concepto clásico de célula básica de la sociedad. 

En una de mis últimas presentaciones sobre el tema de Familia y Pastoral como un complemento a los participantes, que puse al servicio de los lectores de este sitio, comentaba la importancia del tema de la subjetividad social de la #familia  en el Magisterio de San Juan Pablo II en un documento descargable en formato PDF (puedes obtenerlo aquí).

Familia-Wojtyla
El valor de la Persona, promovido y defendido desde la Familia

A modo de profundización quiero revisar algunos extractos de un texto que me parece fundamental en el pensamiento de Karol Wojtyla, que madurará respondiendo a retos concretos, de forma posterior en el Magisterio del Papa de la #Familia.

El texto al que ahora hago referencia está considerado un escrito filosófico y teológico en el que el autor comenta y expande la reflexión a partir del Capítulo “Dignidad del matrimonio y de la familia”  de la Constitución Gaudium et Spes (Gozo y Esperanza) del Concilio Vaticano II. Se llama “La Familia como <<Communio personarum>>”. Ensayo de Interpretación teológica (1974 y 1975) recogido en el texto El Don del Amor. Escritos sobre Familia, publicado en español por Editorial Palabra.

El texto se puede resumir en el esquema de las partes que lo configuran:

I. La familia como Communio Personarum

1.1. El Hombre como Persona y Don

1.2 La <<Communio>>

1.3 La Alianza Counyugal

II. Ser Padres y la Communio Personarum

2.1 El Don de la Humanidad

2.2 El Organismo Familiar y la Formación

2.3 La Familia es Insistituible

Si bien todo el texto constituye un argumento, sólido y meditado, rescataremos por interés aquellas partes que se refieren al tema que ahora nos interesa: la subjetividad social de la #familia trayendo a cuenta las citas que me parecen más destacadas sobre este tema.

La idea lector, no es atiborrarte de contenido, sino que puedas ir, poco a poco, y a tu ritmo, familiarizándote con cada una de ellas. Puedes utilizar 12 días, una cita por día, para meditar y reflexionar sobre estas ideas.

“[…] Esta semejanza del hombre con Dios en la dimensión trinataria ha sido introducida en el Evangelio y toda la tradición teológica que le sigue. El hombre es semejante a Dios no sólo en razón de su naturaleza espiritual, existiendo como persona, sino también en razón de la capacidad que les propia de comunidad con otras personas […] Es verdad que la familia constituye una sociedad, la más pequeña célula de la sociedad, pero está afirmación no nos dice aún mucho de la familia, no llega a toda aquella profundidad ontológica que aquí deberemos desvelar y manifestar”.

“[…] El hombre es una entidad social también porque posee la capacidad de la comunidad entendida como commnuio. Esta capacidad es algo aún más profundo que la misma característica social de la naturaleza humana. La communio indica en gran medida lo personal e interpersonal de todas las relaciones sociales”.

“Si prestamos atención a la etimología latina, la palabra communio designa tanto la confirmación y el refuerzo que es efecto de la unión de muchos que existen y obran juntos, idea que subraya la preposición cum, como también la confirmación y el refuerzo, la afirmación recíproca como peculiaridad de la unión que impulsa a los hombres a juntarse. En la primera acepción nos encontramos más cercanos al adjetivo communis en cuanto se trata, más bien, del efecto de un cierto comportamiento, de un modo dado de ser y de obrar. En la segunda, en cambio, definimos aquel mismo modo de ser y de obrar que constituye una peculiaridad exclusiva de las personas. A los seres impersonales, como por ejemplo el mundo animal, no les aplicamos el concepto de communio[…] Es exactamente un modo (modus)tal que, existiendo y obrando recíprocamente (y por consiguiente no solo existiendo y obrando <<en común>>) a través de este obrar y ser, recíprocamente se confirman y se afirman como personas”.

“Cuando la persona se dona, cuando hace don de sí, o también cuando hace algo en que este don se expresa, la condición para que el don pueda darse, la condición de su realizarse en la relación o también en las relaciones interpersonales, es la adecuada acogida de ese don de la persona o del acto através del cual ese don de la persona se expresa. No es posible privar a la persona del don que lleva, no es posible quitarle en este don de sí lo que verdaderamente es y lo que verdaderamente busca expresar con el propio obrar”.

“La categoría del <<don>> (el sincero don de sí) adquiere un significado particular en la alianza matrimonial. Los cónyuges <<mutuamente se dan y se reciben>> del modo propio de la alizanza conygal y este modo está marcado por la diversidad de su cuerpo y de su sexo, y al mismo tiempo por la unión en esta diversidad y a través de ella […] Es sabido que la familia se basa sobre el procrear, que la familia constituye la comunidad de las personas ligadas en modo activo o pasivo en la realidad del humano procrear como elemental vínculo de esta comunidad. La proceación en sentido activo atañe a los padres, es decir a los cónyuges que transmiten la vida a los hijos, la generación en sentido pasivo concierne a los hijos: ellos, en efecto, son engendrados y con esto dan un significado nuevo al mismo vínculo conyugal: el vínculo conyugal se convierte en vínculo de paternidad y de maternidad”. 

“La esencia misma de la relación común y de comunión (communio personarum) consiste en el hecho de que la paternidad del hombre sucede siempre a través de la maternidad de la mujer, y viceversa, la maternidad de la mujer a través de la paternidad del hombre. Esta relación es cerrada interiormente y objetivamente necesaria. Ambos deben asumirla con plena conciencia y responsabilidad […] En efecto, ser padres, como peculiaridad y como estado en particular en la mujer, exige una especie de determinación con base en la communio personarum. Es verdaderamente algo más que el común sentido de responsabilidad por la concepción, aunque precisamente este sentido de responsabilidad debe encontrar confirmación y justificación en la comunidad de las personas entendida como communio personarum”.

“Las leyes externas no pueden definirla o regularla [la estructura de la familia], a lo más pueden indirectamente hacer de modo que esta estructura se forme de modo justo y no sufra deformaciones. El ordenamiento interior de la comunidad familiar es de por si algo natural, que se forma y crece en cierto modo espontáneamente; y al mismo tiempo, sin embargo, depende estrechamente de una concepción adecuada y de una ejecución de las funciones específicas que conciernen al padre, a la madre y a los hijos en los distintos periodos de su vida. En lo que atañe al proceso de crecimiento de los hijos, las tareas educativas se transforman en autoeducativas ya que los padres, que por naturaleza con los educadores de sus hijos, se educan ellos mismos a través de los hijos, al desarrollar la propia función de ser padres en las diversas etapas de su crecimiento”.

“La institución del matrimonio y de la familia y su estructura exigen, ciertamente, ser concebidas también según las categorías de la ley, tanto del Estado como de la Iglesia […] Toda esta legislación, sin embargo, aún condicionándola desde el exterior, no forma la estructura interior de la familia. Lo que condiciona desde su interior toda la unidad de la comunidad familiar y realiza su estructura específica son los comportamientos  y las virtudes gracias a las cuales la communio personarum familiar se forma y se incrementa en toda su autenticidad y verdad […] la estructura de la familia se realiza a través de la formación, a través de la educación entendida en sentido amplio, educación en la que los valores humanos fundamentales se convierten en el patrimonio de nuevos hombres”.

“El vínculo social que surge en torno a la realidad de engendrar, de la transmisión de la vida a nuevos hombres, es indudablemente creado cada vez por un acto de libre voluntad humana, pero responde rigurosamente a las leyes del ser: del ser y del hacerse hombre. Las personas humanas, el hombre y la mujer, como cónyuges y padres, no son quienes formulan esas leyes. Como un acto de su voluntad entran en ellas y las aceptan como contenido de su existencia terrena. Al hacerlo eligen un determinado estado en la sociedad y asumen determinadas funciones sociales”.

“[…] la familia no es sólo insustituible en su función procreadora, sino aún más en su función personalista, de comunión. Ningún otro de los vínculos sociales existentes, o posibles, reune requisitos tan fundamentales y poderosos bajo este aspecto, como la familia. Si otros organismos sociales, bajo algunos aspectos más poderosos que la familia, tienen el deber de garantizar el cumplimiento de la propia función personalizadora (y eso constituye su tarea fundamental, que deriva de la definición misma de orden social); si tienen el deber de tutelar del peligro de la alienación al hombre que vive socialmente en ellos, debe apoyarse en la familia, deben garantizar, ante todo, el cumplimiento de la función no sólo procreadora, sino también personalista, de comunión, que solo puede ser propia de la familia y para la que es insustituible”.

“Si, en efecto, es verdad que ningún otro de los vínculos sociales existentes o posibles reúne requisitos tan fundamentales y poderosos en este campo como la familia, es también verdad que la familia como grupo social es la sociedad más pequeña y en cierto sentido más débil. La fuerza del vínculo familiar posee un carácter natural, como se ha dicho; la estructura de la comunión que le es propia es única en su género y su finalidad es tan única que no puede ser cambiada por ninguna otra que constituya algo que sea, en realidad, equivalente. Toda esta fuerza interior a la institución familiar puede resistir mucho y superar muchas cosas, pero esto no significa que no pueda sufrir un debilitamiento o incluso una parcial destrucción por parte de circunstancias externas. Las sufre la función procreadora, las sufre, y tal vez incluso más, la función personalista de la familia ligada a su carácter de comunión”.

“[…] Ambas cosas [la dignidad del matrimonio y la familia] provienen de la plena verdad sobre el hombre, de la preocupación por su verdad integral. En el camino de esta verdad y de esta vocación, la familia apare continuamente -tal vez cada vez más, aunque seguramente en modo distinto- como la realidad sin la cual el hombre no sólo no puede ver la luz sobre esta tierra, sino que no puede tampoco realizar plenamente su humanidad, la dimensión de la persona y de la comunidad. Este sentido integral es precisamente aquel en el que la familia, como realidad de hecho y también como rico y variado imperativo ético, es indispensable e insusituible”.

¡Hasta la próxima!