Familia y Naturaleza
Catolicismo, Familia

Familia como Hábitat

Familia y Naturaleza
Cortesía PixaBay.Com

Nos preocupamos por el ambiente, es justo y necesario. Probablemente la ecología no ha tenido tanto apoyo, desde diversos frentes y perspectivas, como en la época que ahora vivimos. En la discusión actual el reciente documento pontificio, Laudato Sí, ha puesto el acento en la necesidad de que todos observemos nuestro mundo como una casa común, y en virtud del cuidado que amerita, hagamos lo que esté en nuestras manos para enfrentar el problema ambiental sin reservas y sin demoras. En esta Encíclica, al abordar el tratamiento de sus predecesores, el Papa Francisco recuerda un concepto escasamente estudiado en el Magisterio de Benedicto XVI, la “ecología humana“. En la presentación de la “herencia” a su Pontificado Francisco recuerda la enseñanza de Benedicto con estas palabras:

Recordó que el mundo no puede ser analizado sólo aislando uno de sus aspectos, porque “el  libro de la naturaleza es uno e indivisible”, e incluye el ambiente, la vida, la sexualidad, la familia, las relaciones sociales, etcétera. Por consiguiente, la “degradación de la naturaleza está estrechamente unida a la cultura que modela la convivencia humana”. El Papa nos propuso reconocer que el ambiente natural está lleno de heridas producidas por nuestro comportamiento irresponsable. También el ambiente social tiene sus heridas. Pero todas ellas se deben en el fondo al mismo mal, es decir, a la idea que no existen verdades indiscutibles que guíen nuestras vidas, por lo cual la libertad humana no tiene límites. Se olvida que “el hombre no es solamente una libertad que él se crea por sí solo. El hombre no se crea a sí mismo. Es espíritu y voluntad, pero también naturaleza”

¿Qué podemos concluir sobre esta aportación en temas relacionados a la familia? ¿En qué se conecta la familia con el tema ambiental? Me parece que es un área a profundizar en la reflexión, por lo que hoy comparto algunas ideas al respecto:

  • Si tanto nos preocupa la ecología, el problema ambiental, no solo debemos poner en el centro de la discusión a la persona humana, sino el medio natural por el cual la persona puede desarrollarse de modo pleno en el mundo. Debemos reconocer a la familia como un espacio vital que acoge la llegada de un nuevo ser humano y lo proyecta hacia la existencia desde el ámbito educativo, y formativo, que caracteriza al núcleo social por excelencia. La familia tiene la fundamental tarea de “humanizar” a la persona, labor que no pueden cumplir con eficacia otros actores sociales.

 

  • Los seres humanos hemos podido adaptarnos a condiciones geográficas y climatológicas de lo más adversas. Nos presentamos en distintos medios, en todas las latitudes. Nuestra capacidad de adaptación al entorno, y triunfo ante los retos que impone, es realmente sorprendente. Donde otras especies, al tener ligeros cambios en su hábitat, podrían desaparecer nosotros no solo hemos perdurado sino que nos hemos afianzado. Pero en la montaña y en la costa, en el bosque y en la selva, en el desierto y al lado de los ríos, los seres humanos hemos existido en familia. He ahí nuestro espacio vital. Sin este espacio vital la existencia de la persona no solo no está garantizada sino que la vida social tiende a extinguirse y agotarse.

 

  • ¿Qué tanto nos preocupamos por proteger nuestro precioso espacio de existencia? Hoy en día ante la tentación de la reingeniería social, buscamos partir de lo natural, negándolo, para poder construir realidades artificiales. Esto es una contradicción. Buscamos cuidar el ambiente externo pero nos olvidamos del ambiente interno de la persona, de la dimensión más radical de su vida. Olvidamos que la familia es un espacio vital y buscamos, muchas veces como validación de las elecciones personales, esquemas novedosos que se traduzcan en comodidad disfrazada de igualdad. Es como aquella mujer que busca alimentarse de productos orgánicos de forma excesiva, cuidado al detalle cada cosa que come, pero ingiere, mes con mes, grandes cantidades de hormonas artificiales para evitar un embarazo. No hay coherencia entre el mundo externo y el mundo interno. La verdadera solución del problema ecológico no solo atraviesa por las cuestiones técnicas, o de hábitos concretos como el reciclaje, sino en la concepción de persona y familia y cómo estas interactúan con el más amplio estrato social.

 

  • Pensar la familia como hábitat implica hacer patente la contribución social y natural que dicha institución aporta no solo a una sociedad particular, no solo a un país o Estado en término abstracto, sino al propio mundo. Si queremos hacer más justa la actitud frente al ambiente, la naturaleza, en su cuidado, preservación y adecuado aprovechamiento en equilibrio de recursos, no podemos dejar de observar que la semilla de la humanidad puede germinar de forma plena en el ambiente que le es propio. 

Defendamos una ecología integral desde el reconocimiento, la promoción y la defensa del verdadero hábitat de la persona humana: ¡la familia!

¡Hasta la próxima!