Comunicación

El lector como metáfora

 

Alberto Manguel
Alberto Manguel

He comentado en forma previa en este espacio la necesidad práctica de que quien se desempeña como conferencista pueda asumirse como lector profesional. La lectura es un camino seguro para la construcción de mensajes y de eventos frente a públicos diversos. El conferencista que no gusta de la lectura posee una discapacidad comunicativa que debe superar pronto. Ahondando en esas ideas que puedes revisar aquí, te presento ahora la reseña de uno de los dos textos que más influido en mi toma de consciencia como lector.

Encontré a principios de 2015, en el mes de febrero, en una vuelta por el FCE una verdadera joya. Desde la lectura de Oficio: Lector de Guedea no había encontrado otro texto que me hiciera reflexionar de forma profunda sobre mi experiencia como “usuario” de libros. Manguel (1948) nos presenta, en un deslumbrante recorrido cultural, todo un viaje por el mundo de las letras que tiene como intención reflejarnos, como en un espejo mágico, la relación personal que cada uno ha construido con los textos que le han marcado en su vida y que, le seguirán marcando, al toparse con nuevos autores y nuevas obras.

El texto está organizado en tres grandes apartados y un apéndice considerablemente ilustrativo. Cada una de las partes fundamentales se relaciona, además, con un cuadro artístico que presenta en su lienzo la complejidad de asumir el proceso lector como una metáfora. Analogía visual para las analogías escritas, un gran instrumento de reflexión que el autor propone para construir su discurso.

A continuación te presento el esquema general del texto (te señalo en rojo los apartados principales, sugiero una lectura completa de la obra para apreciar su integralidad):

El lector como metáfora

Dejo para los lectores algunas citas representativas que han llamado poderosamente mi atención:

 

“Hasta donde sabemos, somos la única especie para la que el mundo parece estar compuesto de historias. Puesto que nuestro desarrollo biológico nos hace conscientes de nuestra existencia, tratamos nuestras identidades percibidas y la identidad del mundo que nos rodea como si requirieran de un desciframiento literario, como si un código que debemos memorizar y entender representara todo lo que existe en el universo. Las sociedades humanas se basan en este supuesto: somos capaces, hasta un cierto grado, de entender el mundo en el que vivimos”.

“El libro es muchas cosas. Un receptáculo de la memoria, un medio para superar las limitantes del tiempo y del espacio, un lugar para la reflexión y la creatividad, un archivo de nuestra experiencia y la de los otros, una fuente de iluminación, de felicidad y, en ocasiones, de consuelo, una crónica de eventos pasados, presentes y futuros, un espejo, un compañero, un maestro, una convocatoria de los muertos, un divertimento; el libro en muchas encarnaciones, de la tableta de arcilla a la página electrónica, ha servido por mucho tiempo como una metáfora de muchos de nuestros conceptos y empresas esenciales […]”.

“Ahora debemos volver a aprender a leer lentamente, de manera profunda y abarcadora, ya sea sobre el papel o en la pantalla: para viajar con el fin de regresar con lo que hemos leído. Solo entonces, en el sentido más profundo, seremos capaces de llamarnos lectores”.

“Actualmente, el lector en la torre de marfil se ha vuelto emblemático de otra situación. En un momento en que los valores que nuestra sociedad plantea como deseables son la velocidad y la brevedad, el proceso lento, intenso y reflexivo de la lectura parece ineficiente e inadecuado. La lectura electrónica de varios tipos no parece alentar las sesiones prolongadas con un solo texto sino un proceso de picoteo con muchos fragmentos cortos”.

“Somos criaturas lectoras, ingerimos palabras, estamos hechos de palabras, sabemos que las palabras son nuestro medio de estar en el mundo, y es a través de las palabras que identificamos nuestra realidad y a través de ellas que nos identificamos a nosotros mismos”.

Verdaderamente confío que este texto puede ayudarte a emprender un camino de autonocimiento a través de la lectura, una analogía personal sobre la significación del mundo puede construirse al revisar sus páginas. ¡No tiene desperdicio!

Los datos de la obra por si deseas adquirirla:

MANGUEL, Alberto., El Viajero, La Torre y la Larva. El lector como metáfora., Trad. Víctor Altamirano., Fondo de Cultura Económica (FCE)., México., 2014., p. 129. ISBN: 978-607-16-2351-5

¡Hasta la próxima!