Catolicismo, Familia

35 aniversario de una vocación compartida

Hoy se festeja el 35 aniversario del Pontificio Instituto Juan Pablo II desde su anuncio, postergado por la tragedia, un 13 de mayo de 1981.

Para mí es un día especial. Es el momento en que el que, acogiéndome a la Misericordia Divina, ofrezco todo lo que soy y hago en virtud de la gran obra en que la que me he visto envuelto no por mis propios medios, sino reconociendo y aceptando el llamado de una vocación específica. He dicho que la familia es clave de comprensión e interpretación de la persona y su radical dignidad y relevancia. Lo creo fervientemente. Hace cuatro años, escribía en aquél blog personal que pude tener, algunas ideas para conmemorar este hecho. Aquellas palabras hoy las actualizo en el tiempo y las comparto con mis lectores de este espacio que ha acompañado mi caminar profesional.

13 de Mayo 2012
Conmemoración : Fátima
Han transcurrido 31 años del suceso asombroso: “una mano disparó y otra guío la bala”; y los alcances de aquél atentado no han quedado del todo esclarecidos. Muchas cosas podemos rescatar dentro de lo impresionante de aquella jornada. Pero hoy al conmemorar me detengo en un solo punto, en una sola de las múltiples aristas.

Pocas personas sabían que en el mensaje de aquél día en la plaza de San Pedro, a la que no alcanzó a llegar el Papa, se incluía la presentación del Pontificio Instituto Juan Pablo II para Estudios sobre el Matrimonio y la Familia en cuya sección mexicana he tenido el gusto de prepararme como profesional y de la cual hoy, con mucho orgullo, soy profesor de Licenciatura.

El anuncio esperanzador de la formación para la promoción y la defensa de la familia natural como institución humana y Divina se vio oscurecido por la violencia, por la cerrazón, por la ley del “más fuerte”. Este suceso no deja de ser una analogía de nuestros tiempos, no deja de ser un reflejo de mucho de lo que hoy vivimos.

Pasada la recuperación médica por el atentado, y de manera formal su Santidad en 1982 da a conocer, mediante constitución apostólica, este esfuerzo sin precedente en la Iglesia Universal. Pulsa aquí para conocer “Magnum Matrimonii Sacramentum“.

Sin embargo la complicada “obertura dramática” del corpus que significa el Instituto no es su antecedente más fundacional. Y no me refiero al inicio de estas actividades en el ministerio de Pedro qué, desde luego por aquellos años, comenzaba con gran fuerza. Sino que puedo encontrar la intencionalidad de un esfuerzo como este muchos años atrás en el tiempo. El Instituto de Familia de la Diócesis de Cracovia, ideado por Wojtyla pero orquestado en términos logísticos y operativos por Wanda Poltawska.

La amistad de dos amigos, algo eminentemente personal, trasciende la esfera de dos y se vuelca a otros; la fecundidad del amor de amistad permite y faculta el cimiento de lo que años después será dado a conocer en Roma.

Los primeros encuentros entre Karol Wojtyla y Wanda Poltawska fueron definitivos, como en toda amistad. La empatía que nace con la amistad en los primeros instantes habrá de nutrir toda la vida en común, y esa vida en común, sabrá dar sus frutos. No dejo de pensar que, profesionalmente hablando, yo soy fruto de aquella amistad pues entre estas dos personas surgió un fuerte compromiso por la defensa y promoción de la familia no sólo como una institución válida ante tiempos convulsos sino socialmente necesaria y trascendente espiritualmente hablando. Una defensa y promoción, si se me permite, con sólidas bases y no sólo de argumentos “rosas” o “convencieros”.

Todo comienza con la preocupación común entorno al aborto y su “moral relativa de la vida”, posteriormente sobre el asesoramiento integral y multidisiplinar mediante la celebración de retiros, charlas, conferencias y sesiones de acompañamiento a parejas que atravesaban difíciles momentos, incluido el tema de una probable separación. En estos esfuerzos la voluntad de Wanda y el empeño del joven sacerdote Wojtyla adquieren un matiz heróico y habrá de preparar el camino para un esfuerzo más profundo.

Dejemos que el ahora Beato nos narre, en su época como cardenal  en carta remitida a su querida “hermanita”, sus intenciones respecto este esfuerzo, fruto de amistad y perseverancia:

Así pues, está clara la necesidad de la pastoral familiar y del apostolado a los laicos en este ámbito. También está claro que para guiar esta actividad hay que tener una visión totalmente correcta de los valores en cuestión. Tú, como pocas personas, tienes esa visión. También tienes una dedicación absoluta y sin reservas a la causa. Por eso sigo queriendo poner este asunto en tus manos. También creo que he trabajado para ello y, sobre todo, que así lo ha decidido la Providencia.
Por qué quiero confiarte esta causa a través del Instituto de la Familia; ya te lo he explicado en repetidas ocasiones. Se trata de crear un centro superior en relación a la actividad pastoral y al apostolado de las familias que, a través de esa superioridad esté plenamente servicial tanto para el primer tipo de actividades como para el segundo. Además, podría constituir para ambas actividades un apoyo sólido[…] El Instituto de la Familia y toda la actividad pastoral y de consultoría están al servicio de una gran renovación: la renovación del matrimonio y la familia en Jesucristo y en la gracia del Espíritu Santo. Y, por lo tanto, también veo con particular claridad aquí en Jasna Gorá, la necesidad de crear una base sobrenatural para esa actividad. Una base de oración y sacrificio para la que es necesario, por así decirlo, reclutar a gente si queremos que toda esa actividad dé auténticos frutos…4 de mayo de 1970.

Este itinerario de un vínculo amistoso ha tenido como talante la Misión Salvífica asociada a la familia humana y al matrimonio que le da origen. No observar en todo este recorrido la mano materna que guía las decisiones es cerrar los ojos a la presencia de la Gracia.