Catolicismo, Familia

Leamos de corrido y completo, por favor

PAPA FRANCISCO
(AP foto/Andrew Medichini)

En los días recientes con el fuerte debate sucitado en México, por la iniciativa presidencial que pretende legalizar en México el así llamado, como bandera política ideológica, “matrimonio igualitario” muchas voces se han escuchado. A favor y en contra.

Algunas de las voces que expresan sin tapujos, y con cierto dejo de orgullo revanchista y triunfal aunque aún no se logra nada, que este “esquema” es plenamente similar, en temas de derechos y reconocimiento social, al esquema del matrimonio entre varón y mujer. Que no existe diferencia y que el matrimonio de varón y mujer es en sí mismo un acto de discriminación por reflejar una única alternativa y opción.

El discurso a favor busca validarse por diversas estrategias. Una de ellas, entre las voces del reconocimiento, y ante la postura de la Iglesia, es la que se beneficia de las lecturas parciales del Magisterio del Papa Francisco respecto este tema. Llevando y trayendo, a su acomodo y conveniencia, las palabras del Papa Argentino, buscan posicionar la idea de que el Papa, en su fuero interno y en su labor como Pastor de la Iglesia Universal, es plenamente coincidente con este planteamiento por su expresión “¿quién soy yo para juzgarla?”, respecto una pregunta sobre una persona con tendencia homosexual, en su primer viaje apostólico fuera de Italia.

Estas voces convencieras buscan, sin quererlo conscientemente me parece, hacerle el caldo gordo a los sectores así llamados “ultraconservadores” de la Iglesia que últimamente han cuestionado la catolicidad del propio Santo Padre. Ambos grupos suelen leer fragmentos, pedacitos de mensajes e intervenciones y a partir de ahí, cada uno jala agua a su molino.

La lectura a pedazos es un grave mal de nuestro tiempo. Nos hemos acostumbrado a la comunicación de los 140 caracteres y leer algo completo nos parece, en términos de tiempo, una mala inversión. La lectura de pedacitos, buscando cómo cuadran en el propio pensamiento, no solo impide la comprensión sino que tegiversa, altera, diría yo: adultera, el sentido profundo de cada intervención, en especial, de las que tiene el Santo Padre.

Quienes presentan las posturas del Papa Franscisco omiten, por conveniencia o por mala intención plenamente buscada y regodeada en sí misma, solo hacer mención de lo que parece sustento o fundamento del propio pensamiento. De tal forma que así, cuando el Papa dice lo que Yo quiero que diga es correcto seguirle, pero cuando llega a decir algo que me incomoda o que no me parece adecuado, puedo darle la vuelta a la página, saltarme ese párrafito, y encontrar algo “más bonito” y que no me comprometa tanto.

Lectura a pedazos, es pereza. Lectura a modo, es comodidad. Lectura acomodada, es mañosa. 

Si tú, querido lector, deseas conocer a fondo el Magisterio del Papa Franscisco, la mejor invitación que puedo hacerte es que te sientes a leer, a pensar, a dejarte interrogar y dejarte maravillar por el mensaje del Papa, que no es otro que el de su Maestro, Cristo Jesús Nuestro Salvador.

Recursos a consultar para tener más claridad sobre el tema:

  1. Conferencia del Papa Francisco en Vuelo de Regreso a Roma, desde Rio de Janeiro. Leer completos los dos momentos en que, a pregunta de periodistas el Papá se expresa sobre la homosexualidad (2013) (Ver aquí)
  2. Discurso del Santo Padre en el Encuentro con las Familias, en su visita pastoral a Sri Lanka y Filipinas (2015) (Ver aquí)
  3. Discurso del Santo Padre en la Fiesta de las Familias, en su visita pastoral a Estados Unidos (2015) (Ver aquí)
  4. Discurso del Santo Padre en el Encuentro con las Familias, en su visita pastoral a México (2016) (Ver aquí)
  5. Exhortación Apostólica “Amoris Laetitia” (2016) (Ver aquí)

Si aún así, no te convenzo lector de hacer una lectura profunda, y decides hacer lecturas abreviadas, te recomiendo esta nota en Evernote donde voy colocando las intervenciones sobre el tema que ocupa esta reflexión por parte del Santo Padre (Ver aquí)

Como corolario, la homilía de hoy en Santa Martha

Homilía del Papa Francisco en Santa Marta
Viernes, 20 de mayo de 2016

El Evangelio está lleno de trampas en las que fariseos y doctores de la ley intentan hacer caer a Jesús para pillarlo a contrapié, minar su autoridad y el crédito del que goza entre la gente. Una de tantas, recogida en el Evangelio de hoy (Mc 10,1-12), es la que los fariseos le tienden preguntándole si es lícito o no repudiar a la mujer.

Es la trampa de la casuística, urdida por un pequeño grupo de teólogos iluminados, convencidos de tener toda la ciencia y la sabiduría del pueblo de Dios. Una insidia de la que Jesús sale por elevación, yendo a la plenitud del matrimonio. Ya lo había hecho antes con los saduceos, sobre la mujer que tuvo siete maridos (cfr. Mc 12,18-27), pero que en la resurrección —les explica Jesús— no será esposa de ninguno porque en el cielo no se toma ni mujer ni marido. En aquel caso, Cristo se refería a la plenitud escatológica del matrimonio. Con los fariseos, en cambio, va a la plenitud de la armonía de la creación: Dios los creó hombre y mujer, y los dos serán una sola carne.

Ya no son dos, sino una sola carne. Por tanto, lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre. Tanto en el caso del Levirato como en este, ¡Jesús responde con la verdad aplastante, con la verdad contundente —¡esa es la verdad!— de la plenitud! Jesús nunca regatea con la verdad. Pero estos, ese pequeño grupito de teólogos iluminados, siempre regatean con la verdad, reduciéndola a la casuística. Jesús no negocia la verdad. Y esa es la verdad del matrimonio, ¡no hay otra!

Pero Jesús es tan misericordioso, tan grande, que nunca jamás cierra la puerta a los pecadores. Por eso, no se limita a enunciar la verdad de Dios, sino que pregunta a los fariseos qué estableció Moisés en la ley. Y cuando los fariseos le dicen que ante el adulterio es lícito dar un acta de repudio, Cristo replica que esa norma fue escrita por la dureza de vuestro corazón. Es decir, Jesús distingue siempre entre la verdad y la debilidad humana. En este mundo en el que vivimos, con esta cultura de lo provisional, la realidad del pecado es muy fuerte. Pero Jesús, recordando a Moisés, nos dice: Ante la dureza del corazón, ante el pecado, algo se puede hacer: el perdón, la comprensión, el acompañamiento, la integración, el discernimiento de esos casos… ¡Pero la verdad nunca se vende! Jesús es capaz de decir esta verdad tan grande y, al mismo tiempo, ser tan comprensivo con los pecadores, con los débiles.

Por tanto, estos son las dos cosas que Jesús nos enseña: la verdad y la comprensión, cosa que los teólogos iluminados no logran ver, porque están encerrados en la trampa de la ecuación matemática del “¿Se puede? ¿No se puede?”, y no son capaces ni de horizontes grandes ni de amor por la debilidad humana. Basta ver la delicadeza con la que Jesús trata a la adúltera a punto de ser lapidada: Yo tampoco te condeno; vete, y no peques más (Jn 8,11). Que Jesús nos enseñe a tener en el corazón una gran adhesión a la verdad y una gran comprensión y acompañamiento a todos nuestros hermanos que pasan alguna dificultad. Pero eso es un don, eso lo enseña el Espíritu Santo, no esos doctores iluminados, que para enseñarnos tienen que reducir la plenitud de Dios a una ecuación casuística. Que el Señor nos dé esta gracia.