Catolicismo, Mis presentaciones

Mi última clase

2016-06-01 20.31.20
¡Gracias a Dios y a la generosidad de mis alumnas y mis alumnos!

Ha terminado Mayo. Con este mes también, de acuerdo a la complejidad de mis tiempos y actividades recientes, he decidido interrumpir temporalmente mi ciclo como profesor dentro del Instituto de Formación Integral al que llegué hace más de 6 años.

No ha sido fácil para mí, ha sido una experiencia sumamente relevante en mi vida profesional y en mi persona, incluso puedo decirlo sin reservas, también ha existido un gran impacto y beneficio mi familiaa. Decir adiós me ha costado, pues es una actividad sumamente edificante, pero creo que es la mejor decisión en estos momentos. Me he visto además, sin merecerlo verdaderamente, rodeado de una gran muestra de aprecio de mis compañeros de viaje en esta aventura. Tanto las autoridades académicas, como otros profesores, pero sobre todo mis alumnas y alumnos me han dejado sentir su aprecio. No tengo palabras para agradecer su generosidad, su deferencia y, sobre todo, sus oraciones a lo largo de todos estos cursos. Si mi labor docente ha sido relevante, ha sido por la presteza a la oración de aquellos a quienes he tenido el privilegio de servir a pesar de todas mis deficiencias y errores. Las oraciones de mis alumnas y alumnos me han mantenido en estos tiempos y sé, que en adelante, cuando me recuerden y pidan a Dios por mí, me ayudarán como pocas cosas pueden ayudarle a uno en la vida.

Ser profesor de religiosas y religiosos ha sido para mí una forma de “pagar” en vida todo el bien que me hicieron las propias religiosas que amorosamente me acogieron en la educación primaria. En mis alumnas y alumnos me parecido siempre verles, y doy gracias por la oportunidad que Dios me ha dado de retribuir un poco lo mucho que se me ha dado. Alguna vez escuché que si quieres comprender bien algo debes enseñarlo. Preparar mis clases, a lo largo de estos años, ha sido no solo de provecho para quienes las han recibido (y lo digo pues así me lo han dicho), sino también para mí. He madurado en mi fe y en mis convicciones a la par de madurar como profesor y como persona. No hay forma de pagar esta oportunidad, no hay forma de pagar estas fortalezas recibidas. 

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Eucaristía para cerrar el curso en IFI

Acompañar a mis alumnas y mis alumnos en la decisión de prepararse para profundizar en la vocación, y en su vida religiosa es además otro gran aliciente que no dejo de tener en cuenta. En un mundo que se ensaña en decirnos que Dios no existe, en un contexto que busca apagar la llama de la fe, muchos y muy valiosos creyentes, como estas alumnas y los alumnos que he tenido, dan testimonio con su propia vida, con su tiempo, que el Amor, como dice Juan Pablo II, explica todo. Religiosos y religiosas firmes en su respuesta al Llamado; alegres, generosos, con creatividad e iniciativa. La esperanza de la Iglesia se alimenta con su decisión firme, con su voluntad a prueba de un mundo que busca disminuir su ánimo y su entrega. ¡Hay primaveras!; estas generaciones que han estado bajo a mi cargo, son nuevo aire para sus congregaciones, y serán, estoy seguro, sal y luz del mundo tal como Jesús se los pide. ¡Demos gracias a Dios! 

Por lo pronto, hablamos de esta pausa como un año sabático, necesario para consolidar algunos otros aspectos de mi vida profesional, personal y familiar. Dios quiera permitirme regresar a este espacio de crecimiento, a este rincón generoso y valioso de la Iglesia. Esa Iglesia que muchos pintan de leyenda negra sin conocer la sencillez y la alegría, la sonrisa sincera y alentadora, de la vida religiosa.

Mis alumnos me han despedido, no solo con palabras y gestos de aprecio, sino que me han dado La Cruz como signo de que si bien hago pausa ahora, mi vida como profesor no ha terminado, y no porque así yo lo quiera sino como dice el canto de la bella Eucaristía con la que cerramos el curso:

 

Señor, toma mi vida nueva
antes de que la espera
desgaste años en mí.
Estoy dispuesto a lo que quieras
no importa lo que sea,
Tú llámame a servir.

Llévame donde los hombres
necesiten tus palabras
necesiten mis ganas de vivir.
Donde falte la esperanza,
donde todo sea triste simplemente
por no saber de Ti.

Te doy mi corazón sincero
para gritar sin miedo
lo hermoso que es tu amor.
Señor tengo alma misionera
condúceme a la tierra
que tenga sed de vos.

Y así me marcharé cantando
por pueblos predicando
tu grandeza Señor.
Tendré mis brazos sin cansancio
tu historia entre mis labios
la fuerza en la oración.

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¡Hasta la próxima clase!