Cuadro sinóptico
Comunicación

La Vida Intelectual

Autor
Imagen obtenida en http://pontifexlibris.blogspot.mx/2012/04/sertillanges-on-reading.html

Inspirado en el tratato “Dieciséis preceptos para adquirir el tesoro de la ciencia”, atribuido a Santo Tomás de Aquino, y partiendo de “Sources (fuentes) del P. A. Gatry”,  A.D. Sertillanges escribe todo un itinerario para dedicarse, con método y profundidad, al cada vez más raro acto de pensar. Hoy no te presento solo un libro, sino que te hago saber que en la montaña del conocimiento existe un faro que puede guiarte en el pedregoso camino de construirse una mente, no solo útil, sino práctica y orientada al sentido de vida  que reconoce lo bueno que la intelectualidad puede dar. No se trata de decir que la mente, y su vida intelectual, es lo único relevante en esta vida, sino de mostrarte cómo, pensar mejor, puede ayudarte a vivir mejor.

Hace unas cuantas semanas en el sitio web me permití presentarte “El trabajo intelectual” de Jean Guittón, hoy traigo a cuento un texto mucho más antigüo pero que aún, si me permites enfatizarlo, tiene mucho que compartirle a quien desea dotar de muebles y diseño adecuado el “piso superior”. Lo presento después de Guittón porque llegó después a mi vida, y en ese orden, en lo personal, he encontrado una gran riqueza. Me parecen textos complementarios, aunque cada uno de ellos estira la reflexión por cauces paralelos.

A continuación te presento el esquema general del texto (te señalo en rojo la parte más jugosa a mi entender):

Cuadro sinóptico
Da un clic sobre la imagen para amplificar

 

Dejo para muestra algunas de las frases más significativas que en mi revisión personal he encontrado:

La virtud propia del hombre de estudio es propiamente la estudiosidad. Nadie se apresure a hallar esto demasiado simple, pues nuestros maestros en la doctrina no han estado todos de acuerdo sobre asunto.

Santo Tomás colocaba el espíritu de estudio bajo la temperancia moderadora, queriendo indicar que por sí, el saber es sin duda siempre bienvenido, pero que la constitución de la vida nos exige siempre atemperar, o sea adaptar a las circunstancias y vincular a los otros deberes un apetito de conocer que fácilmente desorbita.

Para dar hospitalidad a la ciencia no es necesario poseer muebles rarios ni muchos criados. Mucha paz, un poco de belleza, ciertas comodidadas adecuadas a la época, tal es el máximo necesario.

En cada hombre está todo el hombre, y una profunda iniciación puede venirnos de ello. Si eres novelista, ¿pensáis todo lo que podríais recoger allí? El más grande novelista se forma en el ajetreo diario; el más insignificante en la Sorbona o en los salones. Eso sí, en lugar de mezclarse, el gran observador se reserva, conserva independiencia, se eleva, y la vida más humilde se le aparece como un gran espectáculo. Ahora bien, lo que busca el novelista puede aplicarse también a todos, pues todos tienen necesidad de esta profunda experiencia. El pensador no es un verdadero pensador si no encuentra en la más ligera impulsión de lo externo la ocasión de un ímpetu sin fin. Su carácter es conservar siempre la curiosidad de su infancia, su vivacidad para la impresionabilidad, su tendencia a ver todo desde un ángulo de misterio, su original facultad de encontrar en todas partes fecundas sorpresas.

La lectura desordenada entorpece y no alimenta al espíritu; lo incapacita poco a poco para la reflexión y el concentramiento y por consiguiente para la producción; lo exterioriza interiormente si así pudiera decirse, y lo convierte en esclavo de sus imágenes mentales, de ese flujo y reflujo del cual él se ha vuelto ardiente espectador.

La virtud de la paciencia tiene amplio campo para ejercitarse. Respetando las leyes del nacimiento de las cosas y no ofendiendo con indiscreto apresuramiento a la ciencia ganaréis más que con una fogosa precitipitación. La verdad y la naturaleza van a igual paso, y la naturaleza obra en el tiempo, a costa del cual la vida y la muerte del mundo con como una salida y ocaso del sol. “Lo que cae en los estanques profundos, escribe Nietzsche, cae lentamente; ellos deben aguardar mucho tiempo para saber lo que ha caído en su profundidad”. El alma es ese estanque secreto: no tratéis de develar prematuramente su misterio. Las reservas del tiempo pertenecen a Dios; Él nos las entrega poco a poco; más no tenemos el derecho de exigir y de impacientarnos. No hay otro tesoro que el que llega a su hora. Evitad, pues, la nerviosidad del hombre apresurado. Daos prisa lentamente. En el dominio del espíritu, la calma vale más que la carrera.

Los datos de la obra por si deseas adquirirla:

La edición que tengo, bastante aceptable y accesible está en Colección Sepan Cuantos de Porrúa. Además es un 2 x 1, ¡aprovecha!

SERTILLANGES, A.D., La Vida Intelectual / GUITTON, Jean., El Trabajo Intelectual., Ed. Porrúa, Colección Sepan Cuantos Núm. 437. 2a. Edición, 1994., p. 209.

¡Hasta la próxima!