Familia

Diálogo o confrontación

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Cortesía PixaBay.Com

En los días pasados mi TimeLine en Twitter se vio saturado de mensajes, en algunos casos  con reflejo de intereses auténticos, en otros casos, únicamente, el deporte del desprestigio se hizo presente. Tanto un servidor, como quienes fueron respondiendo, por ir llegando a la “conversación”, abordamos el asunto con tono de debate. Primera lección, por lo menos en mi caso, aprendida. Este tema debe plantearse como un diálogo, entre posturas diversas. Estar a favor del así llamado “matrimonio igualitario” no les hace mejores y más nobles personas, como tampoco significa que quienes estemos en contra somos “odiadores” profesionales y discriminadores por default. Debemos siempre distinguir a las personas de las ideas y las ideas de las personas. Rescato que hubo varios que, manteniendo un mínimo de sinceridad y respeto, plantearon interrogantes válidas sobre la situación. Me parece que tuvieron un verdadero interés por conocer la postura del otro; eso, por lo menos, me genera esperanza; un primer paso para el encuentro de las personas, aunque las ideas parezcan fluir en líneas paralelas. Confío en la humanidad del otro, incluso del otro que por momentos puede revelarse como “enemigo”, como “contrario” de aquello que expreso.

Me pidieron argumentar mi postura, dar pruebas, establecer conceptos relacionados en torno a identificar claramente lo que exponía y que podía levantar ámpula. En torno a ese día, y a partir de la experiencia vivida, encuentro que el diálogo puede favorecerse si somos capaces de organizar todas las ideas que sobrevienen ante la situación que se comenta en el momento en que se comenta. Me explico un poco más. Para el diálogo, tanto emisor y receptor deben estar hablando del mismo tema, en el mismo sentido, y en el mismo momento, para que la riqueza del encuentro comunicativo pueda producirse. Pero ante un asunto tan polémico puede ser que quienes defienden y quienes nos oponemos, no estemos necesariamente hablando de lo mismo ni queramos necesariamente tener una sintonía que permita acercarnos, respetuosamente, a lo verdadero. Cuando hoy en día se discute el tema del así llamado “matrimonio igualitario” un sin fin de ideas relacionadas salen a cuento. Que si el derecho humano, que si la preferencia, que si el sacramento, que si el origen etimológico de la palabra, que si la religión, que si los curas, que si la voluntad del individuo es lo único valioso, que si la Iglesia, que si el laicismo, y un muy largo etcétera.

Yo no puedo hablar por otros, puedo hablar por mí. Puedo hablar a partir de lo que creo, y asumo como verdadero en mi vida, desde diversas perspectivas. Y por ello me parece necesario plantear, como un insumo al diálogo, que pudiéramos ordenar las ideas en rubros para favorecer la exposición de los planteamientos y así acercanos a concluir que ninguno de nosotros, hablando de las posturas, es “dueño de la verdad” y que jugar vencidas en un debate, con la idea de someter y doblegar al otro a fuerza de argumentos, en el mejor de los casos, o recriminaciones, incluso insultos, en nada nos ayuda a verdaderamente plantear cara a la realidad que nos rodea. La humanidad no se garantiza por el pensamiento únicamente, por el título universitario, por el coeficiente intelectual, sino también por otras cualidades propiamente personales como la nobleza, la sinceridad, el respeto, y la apertura, entre otras, que se reflejan y se dejan sentir, en lo que decimos y en cómo decimos las cosas. 

Así que si a quienes han expresado diferencias con los planteamientos de un servidor les parece de interés una hoja de ruta compartida,  y un acuerdo mínimo de conveniencia en el trato y en el intercambio de ideas, podemos iniciar un diálogo sobre este tema. Para ello propongo el siguientes esquema pues, insisto, se habla de varios asuntos como si fuera uno solo y me parecen situaciones diversas, por lo menos para su consideración y reflexión. Yo distinguiría estos escenarios, y aclaro que no busco limitar el diálogo a estos aspectos aquí planteados, y tampoco al modo como aquí son planteados, únicamente les considero indicadores iniciales:

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Un breve esquema para apoyar el diálogo sobre este asunto

Desde mi perspectiva, las normas mínimas para poder entablar este diálogo serían:

  • Crítica a la ideas, no a las personas.
  • Abstenerse, ambas partes, de cualquier adjetivo calificativo denigrante respecto la otra persona, su condición de vida y/o su familia.
  • Disposición al encuentro de la verdad y humildad para reconocer en la postura contraria la posibilidad de la certeza.

Si esta opción que se plantea, si este orden que se considera, es de útilidad ¡adelante!, pongamos los términos sobre la mesa para dialogar y no confrontar, para encontrar y no esconder, para analizar y no solo juzgar al vuelo de un tweet.

¡Hasta la próxima!