Comunicación, Mis presentaciones

Vivir en el ajetreo y sobrevivir

Última semana completa del mes de Julio. Ha sido, sin duda, el cúlmen de una vorágine. He pasado los últimos 60 días haciendo lo que más me gusta. Desde mi taller de Storytelling en #Sinaloa, a principios de Junio, hasta el cierre reciente de algunos procesos de mi programa mentoría, hace unas cuantas horas.

Estos dos meses han traído para mí retos nuevos, desafíos insospechados y no siempre tranquilidad y relajación, incluso dentro del gusto de hacer lo que me gusta.

Lo confieso: la mayoría de las veces me veía a mí mismo, diciendo aquella línea del conejo blanco del cuento de Alicia en su versión de película animada: “¡es tarde ya!, me voy, me voy, me voy”. Aquellos con quienes compartí tiempo y actividades recientes: ¡no me dejarán mentir! ¡He vivido en el ajetreo!

Sí, ¡lo sé! “Ajetreo” es palabra como de abuelita y como del “México que se nos fue…”, pero creeanme que no he encontrado mejor adjetivo. La RAE viene en mi auxilio: “Actividad intensa que implica movimientos incesantes“, y me queda como anillo al dedo: ¡tuve pocas oportunidades de estar quieto!

Que no se me vaya a malentender. El camino emprendido ha sido aleccionador, pero muy intenso. Muchos eventos de riqueza enorme; siempre me llevo más de lo que entrego con mis auditorios y vivo por ello agradecido. También muchas oportunidades de estar frente a frente con mis clientes de #coaching y #mentoring, de quienes aprendo y me contagio de sus ganas de cambio y mejora continua. Estos ejemplos, dentro de todo el ajetreo, han sido razón suficiente para recordar estas vivencias de forma especial.

Pero es justo decirte que, ante los costos y desgastes que el ajetreo implica, pude realizar varias cosas que me ayudaron, dentro del huracán que tomó mi vida profesional y personal en las semanas previas, a salir adelante de la vorágine y sobrevivir.

Así que si tú también vives en el ajetreo, o regresarás a él después de tus vacaciones de verano (envidia me da, y espero no te enojes), checa mis sugerencias para no perder la cabeza:

  1. Ya sabes que vendrán tiempos complejos, así que: ¡prepárate para ellos! Asigna tiempos y construye tu agenda para diversas actividades. Ten presentes fechas límite; si te encuentras en procesos más allá de tu responsabilidad, por ejemplo, donde otras personas u organizaciones intervengan, marca una fecha límite personal y otra al proyecto. Programa de esa fecha límite personal hacia atrás, nunca del “hoy para mañana”. ¿Qué tiene que pasar antes para que “X” se logre? Y entonces enlista con cuidado todo lo que tú tienes que hacer y, en su caso, lo que los demás también deben lograr. Sigue de cerca este listado para que vayas comprobando el avance.
  2. Sé realista, reconoce tus fuerzas y debilidades. Ten en cuenta que hay límites que nos rebasan y que no podrás hacer todo en un “par de días”. Yo he sobrevivido estos días, gracias al buen instrumento denominado “Full Focus Planner” de M. Hyatt, con tres grandes objetivos por día a los que suscribo las tareas cotidianas. Pensar en tres grandes cosas que perseguir por jornada, en el inter de hacer muchas otras cosas, me ha dado claridad y eficacia. Fijar esas metas cotidianas, la noche previa, y revisarlas al cierre del día me han dado “ubicación” respecto las metas que estos meses deparaban. Este hábito, en mi vida, llegó para quedarse y me parece oportuno compartirlo contigo
  3. Descubre qué te permite “relajarte” en medio del alud de temas y detalles y considera este tiempo dentro de tu agenda jornada por jornada. No es necesario, en ocasiones, disponer de más de media hora al día. En mi caso fue la lectura; estos dos meses he leído 6 libros que no tienen NADA QUE VER con el trabajo y la vida profesional. Y ha sido un oásis. A lo mejor para ti puede ser el deporte, series, o algo más. Solo programa media hora (sobre todo si verás una serie) e incorpora a tu rutina diaria.
  4. Bríndate momentos “detox” comunicativo. Revisa en qué momento del día puedes “despegarte” de la rutina y de tus gadgets. Una intencional “olvidada” del cargador de batería y/o del celular, no será el apocalipsis. ¡Te lo prometo! (A menos que seas médico y tengas paciente recién operado). Hacer espacio aquí para lo más vital, por ejemplo tu familia, no solo es necesario sino que recomendable pues te permitirá recargar tu propia batería frente los retos.
  5. Revisa tus alianzas. Es importante que hagas saber a quienes te rodean, en el trabajo o en la familia, que estás pasando por carga laboral fuerte y que por ello tendrás al ajetreo de visita por un tiempo junto contigo. Es importante hacer ver que esto NO es siempre; es una fase y como otras que han habido, también pasará. Una vez que la tormenta baje la intensidad, será importante ofrecer tu presencia y compañía como era antes del ajetreo y no como “compensación”. Es decir, las cosas deben volver a la normalidad en todos los sentidos, y no de forma “apresurada”.

Espero estas reflexiones sean de utilidad para ti, ¡nos vemos pronto!

*He preparado esta entrada utilizando el recién liberado “Aztec”, editor de contenido de WordPress para dispositivos móviles. Ya me dirás qué te pareció.