Coaching, Motivación

Plan B

imagen_motivacional_enero 5 2018
#Imprevistos, #actitud

¿Qué busco con esta imagen?

  • Sugerirte la importancia de la adecuada preparación ante imprevistos que pudieran ocurrir, la elaboración de alguna alternativa en la planeación.
  • Reflexionar sobre la imposibilidad de controlar al 100% todo lo que ocurre a nuestro alrededor; considerar que todo logro, incluso el personal, involucra una suma de voluntades y circunstancias.

Plan B

Enero ha estado dedicado en el blog principalmente a la reflexión sobre la planeación, las metas del año, la actitud que asumimos ante el inicio de ciclo, y la importancia de brindar un sentido a nuestra libertad. Hoy quiero fijar contigo la atención en qué tanto puede plantearse y prepararse un resultado adverso a lo previsto.

Todo plan, en virtud de la humanidad que lo genera, incluye un % y/o margen de error con el que hay que lidiar. Sin embargo, aprender esta realidad cuesta un poco de trabajo. Pues todos, ante el solo hecho de que algo vaya contra lo previsto, podemos tener posturas diferentes.

¿Qué tan preparado estás para que las cosas no resulten como tú esperas?

Conozco muchas personas muy resueltas, con sus metas y planes estrictamente definidos, que consideran un error incluir dentro de su preparación la posibilidad de que el resultado pueda ser contrario a lo previsto. El imprevisto entonces no tiene espacio en la ecuación.

Sin embargo, cuando el inconveniente se presenta, los grandes planes se desvanecen, el pánico inunda el contexto y crea circunstancias negativas que inmovilizan a nuestros “graduados” en actitud positiva.

Algunos, más aventurados, consideran de forma esotérica que el solo hecho de pensar que las cosas pueden no salir como uno desea, es de suyo consentir y abrir la puerta a una inconsciente invitación al fracaso. Y aunque cierran y  se dedican a tapiar ventanas y puertas para que el fracaso no se asome, si el imprevisto o resultado adverso se materializa por medio de alguna grieta, en lugar de acometer contra él y resolverlo afirmativa se dedican, sistemáticamente, a encontrar el punto de quiebre que permitió tan lamentable suceso.

Por otro lado, hay personas que consideran que el éxito es tan imposible de lograr que se la pasan construyendo y administrando planeación para la disminución de riesgos. Parecen pensar y creer fervientemente: “que salga aquello lo menos mal posible, pues  no hay remedio ni alternativa alguna de triunfo”.

Considerar que somos nosotros, y nuestros planes y proyectos,  seres falibles no debe ser considerado una llamada o deseo de fracaso.

Reconocer nuestros límites, es darle juego a la realidad. La famosa ley de Murphy no se ha enunciado en vano. Aprender a vivir con el rieso de que las cosas pueden no salir como quisiéramos es condición para la madurez. Y no quisiera en ello rizar el rizo.

Sé que puedo equivocarme, sé que las cosas pueden ser diversas a lo previsto ¿qué hago con eso?

Un adecuado proceso de planeación debe construirse a partir de escenarios. Uno de esos escenarios es dar respuesta a la interrogante que hoy nos convoca a la reflexión:

¿Qué haré o cómo reaccionaré si aquello que deseo no se logra conforme anhelo?

Un plan B, más que un conjunto de pasos, cosa que puede ser muy útil, consiste en prepararse para ese momento no deseado. Saber cómo reaccionar ante los imprevistos y los fracasos se convierte en algo crucial en términos de inteligencia emocional.

Para poder elaborar un Plan B, ante el fracaso en el logro de un objetivo o proyecto, es importante reconocer que, aunque pienses lo contrario, no todo depende de ti al 100%.

El deseo, muy humano y no por ello necesariamente “bueno”, de controlar al máximo todas las situaciones, eliminando imprevistos, pocas veces se materializa en una realidad de control total. Todo objetivo, incluso el más personal, requiere de una suma de voluntades y circunstancias.

Comenzarás a crear tu plan B cuando “sueltes” el deseo de control y pongas el mejor de los empeños en lo que sí puedes controlar de mejor forma: ¡tu actitud!

Algunas preguntas que pueden ayudar en la creación de un plan b:

¿Qué es lo peor que podría pasar si no logro lo que quiero?, ¿Qué emociones pienso y siento que podría experimentar en ese momento?, ¿Cuál será el costo para mi vida personal, familiar, laboral e, incluso, espiritual si aquello que busco no se logra?, ¿Qué podría ayudarme a superar la desaveniencia?, ¿Qué es lo primero que haré para no sentirme derrotado?, ¿Habría algún beneficio o ventaja para mí, o para quienes me rodean, si no alcanzo lo que busco?, ¿Quién y cómo podría ayudarme a pasar pronto esta situación desafiante para mí?, ¿Hay algo que habría podido aprender de la realidad que no he podido conseguir?, ¡No he logrado esto que quería, ¿qué sí podría lograr con el aprendizaje que ahora he recibido?

Si reflexionas sobre estas preguntas y construyes este escenario, te aseguro que estarás mucho mejor preparado ante cualquier desafío. Espero sea de utilidad.

¡Nos vemos pronto!