Coaching, Motivación

Sintonizar

Pablo Imagen motivacional febrero 3 2018
#Emociones, #Decisiones, #Obstáculos, #Metas, #Objetivos, #DesarrolloPersonal

 

¿Qué busco con esta imagen?

  • Apoyarte para que encuentres la manera de establecer, en tu estilo personal, una conexión entre tus decisiones y tus emociones.
  • Brindarte recomendaciones concretas sobre cómo poder sintonizar mejor lo que ocurre en tu interior.

Sintonizar

¿Te ha pasado que existe un “estira” y “afloja” entre lo que piensas y lo que sientes? ¿Consideras que tus emociones van por un rumbo muy distinto al de tus decisiones personales? ¿Te parece que no hay posibilidad alguna de trabajo en conjunto entre tu cerebro y tu corazón?

Si has mencionado que sí, o te has sentido tentado a dicha respuesta solo de pensar alguna de las preguntas previas, este post está dedicado especialmente para ti. Te ofrezco la posibilidad de que encuentres aquí algunas ideas que te permitan “fumar la pipa de la paz” entre aquello que piensas-decides y lo que sientes-deseas. ¡Acompáñame!

Algo para sentirnos orgullosos

¡Hay muchas cosas buenas en la época en la que vivimos!  Si bien estos tiempos no son fáciles, y hay muchos retos concretos en diversos ámbitos de la vida, no debemos dejar de reconocer un elemento que podría darnos pretextos para una especie de orgullo epocal.

Tú y yo nos encontramos en un tiempo de la historia humana que ha dado en el clavo respecto relación íntima que guardan, más allá de los prejuicios, los pensamientos y las emociones.

La “inteligencia emocional“, si bien no es panacea y será sujeta seguramente de mayores descubrimientos y nuevas reelaboraciones académicas en los próximos años, puede ayudarnos a entender que las emociones son el motor que impulsa y explica muchas de las decisiones más fundamentales de nuestra vida.

Anteriormente las emociones eran consideradas la antítesis de los pensamientos; reducidas a un “mal” necesario. Despreciadas por tratados, pensadores de diversas épocas, e investigadores que se preciaban de ser “serios”. Y es que, por ejemplo, ser etiquetado como una persona “emocional” era de suyo una especie de veto profesional y personal aplicable en no pocos espacios de la vida.

¿Qué sabemos ahora?

Hoy sabemos, ¡demos gracias por ello!, que las emociones son un poderoso componente de la decisión, entendemos que pueden jugar en el mismo equipo, tu desarrollo personal, si aprendes a acoplar adecuadamente la información que las emociones aportan a la mente humana para lograr una mayor eficacia en la desición y en la acción de los grandes proyectos, pero también del día a día en la cotidianeidad de nuestras vidas.

En esta reflexión retomo el concepto propuesto por Geetu Bharwaney (2010) quien afirma que la inteligencia emocional es una:

“Habilidad para sintonizar las emociones, comprenderlas y tomar las medidas necesarias”

La palabra “sintonizar” me parece de lo más adecuada pues retrata el esfuerzo que implica modular, modificar, y perseverar, para encontrar “la mejor señal” del mundo emocional en favor del mundo racional.

Así como se hacía antes disponiendo los aparatos (radio, televisión) para que pudieran dar lo mejor de sí en la reproducción de una señal, así nosotros debemos esforzarnos por armonizar las emociones y las decisiones pues ambas son caras de la misma valiosa moneda: ¡la persona que experimenta las primeras y lleva a cabo las segundas! ¿Cómo poder sintonizar de forma efectiva?

Considero que necesitamos plantear un contexto adecuado antes de brindar algunas recomendaciones que puedan serte de utilidad. Puede ocurrir que te encuentres en los siguientes casos:

Sintonizar con el tiempo suficiente

Cuando tienes la oportunidad de reflexionar y meditar sobre la vinculación entre tus emociones y tus decisiones. 

  • El mejor de los escenarios. Cuentas con el tiempo y la disposición para considerar la vinculación entre emoción y decisión. Es como si tuvieras todo el tiempo del mundo para sintonizar de mejor forma el mundo emocional y el mundo racional. El sentimiento de satisfacción se hace presente y desde dicha energía puedes canalizar y aprovechar al máximo lo que ocurre en tu interior. Para favorecer que esto ocurra:
    • Utiliza ejercicios de relajación/respiración y visualización que te permitan ser plenamente consciente de la emoción que podrías estar experimentando.
    • Detecta sensaciones corporales, algunas pueden ser imperceptibles a primera revisión, que te brinden pistas sobre el estado emocional en el que te encuentras. Si te encuentras efusivo y animado, o si por el contrario te encuentras con cierta preocupación, ansiedad y sin energía.
    • “Vigila” recurrentemente tu emoción. Date cuenta si la intensidad de la misma sube o parece disminuir a medida que “das vueltas” sobre el tema en tu mente. Escasa intensidad no será aliciente, demasiada intensidad puede llevarte a una decisión equivocada. Procura “atemperar” sin negar o rechazar la emoción que está presente en tu persona.
    • Para lograr atemperar, trata de conectar con escenarios posibles en tu mente ante la decisión que estás por tomar. Revisa cuál de esos escenarios analizados “enciende” o “apaga” tu emoción. Piensa brevemente: ¿qué significado puedes darle a la realidad emocional que experimentas en ese momento frente a los escenarios posibles que has construido?

Sintonizar con poco tiempo/ necesidad de una rápida respuesta

Cuando consideras que estás siendo “prisionero” de las emociones y la gestión de las mismas está seriamente comprometida. 

  • El peor de los escenarios. Cuentas con pocos instantes para sintonizar antes de decir o decidir algo equivocado, y sientes que no podrás “dominar” lo que ocurre en tu interior. ¡Estás a punto de mandar todo al demonio! Es muy probable que el sentimiento de frustración e insatisfacción se apodere de ti y te lleve por un rumbo no deseado. Para resolver adecuadamente si esto ocurre:
    • Procura distraer la mente y también cambiar la actividad que te encuentres realizando en ese momento. Conviene incluso modificar físicamente la posición corporal y desplazarse, si es posible, a otro espacio o lugar dentro del sitio donde te encuentres.
    • Procura identificar corporalmente la sensación que te ha producido la emoción. Localízala en alguna parte de tu cuerpo y piensa en ella “desde afuera”. Si tu emoción fuera un color, ¿qué color sería? Si se tratara de una música o melodía, ¿qué música/melodía sería? Si fuera posible que se expresara con palabras, ¿qué te diría en este momento?
    • Genera y busca en tu agenda del día algunos unos minutos de respiración profunda. Si es funcional para ti, cierra tus ojos y trata de pensar en algo agradable. Así como en el viejo cuento de Peter Pan, los personajes necesitaban conectar en su mente con un pensamiento feliz para poder volar, tú puedes encontrar algún recurso dentro de tu historia personal que te produzca calma en momentos de intensidad emocional.
    • Si lo piensas un momento, de forma previa has tomado decisiones adecuadas: ¡Todos lo hemos hecho por lo menos alguna vez! Trata de conectar mentalmente con ese recuerdo, el de tu decisión adecuada, y confía en tu capacidad de decidir del mejor modo posible a partir de lo que experimentas emocionalmente en este momento.
    • Analiza las consecuencias que podrían presentarse si decides algo completamente presa de las emociones que experimentas. Si dices de forma completa, y sin filtro, esto que estás pensando ahora: ¿Qué sucedería? ¿Alguien podría salir lastimado? ¿Cómo compensarías el error que podrías cometer si no sintonizas adecuadamente? ¿Qué perderías si cedes a la emoción que ahora te tiene completamente dominado?

Sintonizar aunque parezca que no es necesario hacerlo

Cuando consideras que las mejores decisiones son aquellas que excluyen el mundo emocional de tu esfera de atención. 

  • Este puede ser el escenario más engañoso, y por ello puede ser más peligroso. Negar los datos que aportan las emociones es tomar de suyo una decisión incompleta, ¡es una seria omisión! Siempre habrá estimulo emocional, querer minimizarlo o reducirlo al máximo será comprometer tu atención con solo una parte de tu persona. Es muy probable que el sentimiento de culpa, de omisión, de equivocación constante se apodere de ti. Para “evitar” la tentación de la racionalización absoluta:
    • Recuerda que las emociones siempre están presentes. Podemos gestionar su intensidad de forma consciente, pero las “palpitaciones” que aportan pueden ayudar a ver las cosas de forma más completa. La mejor decisición, la más integral, es aquella que considera todas las aristas posibles, no solo una parte de lo que podría influenciar o determinar el peso de tu decisión. Dale espacio en tu reflexión a las “corazonadas” que pueden ser el factor de mayor relevancia.
    • Las grandes decisiones, sobre todo las que involucran a otros, se cimentan en la capacidad de conexión emocional. Piensa en el cierre de un negocio o una compra importante. ¡Ahí hay emociones y las emociones influyen los procesos! ¡No hacerlas visibles, no pasarlas por nuestra mirada, es concederles todo un poder oculto que funcionará fuera de tu observación y control! ¿En serio quieres que decidan por ti sin invitarte a ser parte de dicha decisión?
    • No significa pensar solo con las “vísceras” hacerle caso a las emociones que experiemntas; si las emociones pasan por la luz de la razón, toda tu persona estará involucrada y habrá un mayor compromiso con lo que asumas. Recuerda de forma directa alguna experiencia en la que no hiciste caso a tu intuición, a lo que sentías dentro de ti, y el resultado no fue en forma alguna satisfactorio. ¿Qué quiere decirte tu intuición a partir de las emociones que estás experimentando?
    • Piensa una respuesta concreta para las siguientes preguntas: ¿Qué sería lo peor que pasaría si dejaras que la emoción se expresara en este momento? ¿Qué podría aportar de positivo la expresión de la emoción que veladamente estás experimentando?

¡Espero que estas pautas puedan ser de utilidad para ti!

¡En breve buscaré complementar la “sintonización” a la que me he referido en este post!

Mientras tanto:

¡Nos vemos pronto!

Coaching, Motivación

Trofeos

Imagen motivacional febrero 2
#Logros, #Objetivos, #Metas

¿Qué busco con esta imagen?

  • Traer al presente, desde tu memoria, las ocasiones de éxito que has experimentado. Desde esa realidad, donde has alcanzado lo que buscabas, ¿qué podría serte de utilidad ahora?
  • Reflexionar sobre lo más importante en tu vida al momento.

Trofeos

¿Qué experiencias y situaciones de tu vida podrían clasificarse cómo triunfos?  Cuando las cosas pueden irnos un poco mal, solemos pensar que nada se ha logrado nunca.

La insatisfacción del terrible sabor de boca que podemos experimentar, ante retos y desafíos actuales, tiene un efecto pernicioso en nuestra memoria: ¡suele generalizar que el fracaso de hoy ha sido una constante desde siempre! ¡Nada más fálso!

Cada uno de nosotros acumula, seamos conscientes o no, un considerable número de logros positivos en nuestro pasado. Pequeñas o grandes experiencias, pero nos hemos sabido en algunos momentos exitosos. Al conseguir algo que parecia imposible, al lograr algo en contra de todos los pronósticos, hemos experimentado en mayor o menor medida el buen sabor de boca del saberse “arquitecto del propio destino”, como decía Amado Nervo.

Si estás pasando por un mal rato es prudente traer al presente aquellas experiencias exitosas; hacer vivas las emociones y sensaciones positivas que el triunfo produjo y no olvidar, aunque sea un gran desafío, el aprendizaje que provocaron. Hoy te invito a imaginar a través de una visualización.

La dejo aquí para tu reflexión, en dos modalidades. En primer lugar, en un audio que podrás reproducir cuantas veces quieras. La segunda, en un breve texto que puede acompañar tu escucha.

Tu salón de trofeos

 

Escucha el audio aquí:

Texto para tu reflexión

Se sugiere una relajación previa y algunos ejercicios de respiración. Una postura cómoda, en un espacio adecuado puede ser de mucha ayuda para ti. 

Imagina conmigo que en tu interior, en el espacio más profundo de tu reflexión, está dispuesto un pequeño y acogedor salón, con adecuados acabados de madera. Ese salón ha sido creado, es su razón y motivo, para mostrar y lucir toda la serie de triunfos y logros que han hecho de ti la persona que hoy eres. Decides entrar, encender la tenue luz y observar lo que hay. La temperatura es agradable para ti, una sensación de comodidad y disfrute te embarga.

Admiras la gran vitrina que te espera al fondo del salón, adecuadamente empotrada entre las columnas que sostienen el espacio. Frente a la vitrina descubres que hay una cómoda silla. Te diriges hacia ella, la utilizas y te dispones a observar que hay delante de ti. Analiza por un momento lo que tienes enfrente. ¿Cuántas repisas hay?, ¿De qué material están hechas?, ¿Madera?, ¿Cemento?, ¿Metal?, ¿Cuántos niveles tiene tu vitrina? ¿Cómo es el vidrio que protege tus victorias? Reparas de pronto en una realidad; te das cuenta ahora que aquello puede ser más grande de lo que habías observado, y si bien hay algunos trofeos aún hay algo de espacio para incluir otros tantos.

De lado izquierdo, en la parte de arriba, ves una fecha cuidadosamente anotada en una placa de metal. Es la fecha de tu nacimiento. Desde luego que no recuerdas con consciencia ese momento, pero sabes que ahí has comenzado a vivir. Recorres la vista, en la parte superior, navegando con los ojos hacia el otro extremo.  Tu vista, lentamente, se dirige al centro de la vitrina; casi a la mitad de la misma, o un poco más allá, encuentras otra placa. La puedes ver con claridad, parece nueva, recién colocada. Y tiene anotada la fecha de hoy. Este es el día en que te has sentado a observar desde esta silla, en este salón, en el interior de tu reflexión. Ha quedado constancia de esta visita.

Tu vista, inquieta, regresa ahora al primer ámbito observado. Un poco más allá, dejando atrás tu nacimiento, hay algunos pequeños trofeos. Un poco empolvados, pero aún es posible notar su brillo y su valor. ¿Cuáles son esos primeros logros de tu infancia?, ¿Qué aprendizajes, dificultades y competencias tuviste que sortear para conseguirlos? Emocionado, decides dejar la silla y acudes a la vitrina, desplazas el vídrio y deseas tomar en tu manos el más valioso trofeo de aquellos primeros años ¡Es de oro! ¿Qué forma tiene el trofeo que tienes ahora contigo?, ¿Cómo se siente volver a tenerlo en tus manos?, ¿Por qué lo ganaste?, ¿Quién te ayudó a lograrlo?, ¿Cómo te sentiste cuando finalmente era tuyo? Recuerdas todo esto en poco tiempo; una dicha, capturada en una lámpara, parece alumbrar el salón con una mayor intensidad.

Agradecido por este recuerdo, animado por la luz que te ha traído, limpias un poco el polvo y acomodas tu infancia de nueva cuenta. Acabas de colocar ese trofeo especial, en el centro del área que tiene reservada, y tu vista quiere seguir adelante, quiere ir más allá. No regresas a la silla, no por ahora. Caminas poco a poco, buscando, sabiendo que hay algo más para ti. Admiras otras victorias, algunas son pequeñas medallas, otras algunos diplomas; también hay trofeos pequeños, unos más largos, algunos asemejando el color del bronce y otros el de la plata. Son experiencias que te permitieron avanzar y continuar cosechando aprendizajes.

Al alzar la vista, en otro nivel de la vitrina, lo descubres. Tenías tiempo de no verle, parecía que lo habías olvidado. Recorres la siguiente parte del vidrio. Nuevamente hay un exceso de polvo que sacudes soplando levemente, ¡y ahí está para ti! El mayor de tus logros en la siguiente etapa de tu vida. Ya no eras un niño cuando lo ganaste, requirió el doble de esfuerzo. Reclamó todo de ti. Te desgastó, no todo fue agradable. Pero al final, lo alzaste mostrándolo a todos. ¿Por qué conseguiste este triunfo?, ¿Qué te dice la placa en la base del trofeo?, ¿Cuál fue el premio que acompañó a esta pieza de metal?, ¿Quién celebró contigo este logro concreto de tu vida? La luz, nuevamente, ha ganado mayor intensidad. Puedes ver con mayor claridad la vitrina y lo que guarda para ti, dejando ese otro gran logro de tu vida continuas observando. Te das cuenta que también están los espacios de los trofeos perdidos y de los que simplemente no ganaste. No experimentas rencor, ni desilución. Hoy no. Hoy aquello no puede apagar la luz de este espacio. Sabes bien que lo que no se logró, permitió que otro tanto se alcanzara.

Continuas tu recorrido por la vitrina. Imagínalo un poco más, unos minutos más en este salón, en este espacio. ¿Qué otras victorias hay en tu recuerdo?, ¿qué ganaste?, ¿qué demostraste?, ¿qué cambió en ti al conseguir lo que querías? La luz se vuelve estable, y decides regresar, después de dejar cuidadosamente tus trofeos y recorrer el vidrio, a tu cómoda silla.

Vuelves a contemplar tu vitrina; agradeces lo vivido, y sabes que hay aún más experiencias esperándote. Cuentas con espacio para más trofeos y más triunfos.  Unas preguntas entonces rondan tu mente: ¿qué puedo obtener de aprendizaje de estos trofeos, de estos logros, para el reto y momento actual de mi vida? ¿En qué se parecen los retos que viví y superé a los que ahora me desafian? Si logré estas cosas, que ahora tengo delante de mí, ¿que tan capaz soy de seguir cosechando triunfos?

Te incorporas, dejas tu silla. Das una última mirada a tu vitrina, a tus recuerdos, y te diriges a la salida. Apagas esa luz estable sin miedo, sabes que puedes encenderla nuevamente. Tus pasos te llevan nueva cuenta al mundo exterior; emerges desde tu interior y lentamente tomas consciencia del lugar en el que te encuentras y sabes que, a partir de hoy, cuentas con ese espacio especial para recordar que el fracaso, la desilución y la derrota no son una consante, son experiencias, son momentos. Han estado y se han ido. Tus victorias, tus logros, están ahí para ti. Las veces que quieras y cuando quieras podrás visitar tu salón de trofeos.

¡Gracias por imaginar conmigo!

¡Nos vemos pronto!

Coaching, Motivación

Asómbrate

Imagen motivacional febrero 1 2018
#asombro, #descubrimiento, #innovación, #creatividad

¿Qué busco con esta imagen?

  • Plantear contigo la necesidad del asombro como una vía de conocimiento y de motivación.
  • Sugerirte una mejor observación del entorno que te rodea, el cual puede esconder muchas cosas a tu reflexión y de las cuáles puedes construir un significado que te permita continuar tu desarrollo personal.

Asómbrate

El mundo que nos rodea y en el que transcurre nuestra vida, la realidad que nos inunda, es mucho más complejo y rico de lo que pensamos.

Basta detenernos un minuto y admirar que mucho de lo que experimentamos nos ha sido dado como un regalo, aunque no pensemos en ello de forma frecuente. Asombrarnos de la realidad, de lo que ofrece y pide de nosotros, conlleva una renovada actitud para acometer retos y desafíos concretos.

Tendemos a pensar, sobre todo los hombres del siglo XX y del XXI, que todo está descubierto, resuelto o solucionado. Caemos en el falso dilema que clama a un completo dominio de la realidad mediante la razón, la tecnología y el poderío económico. Y al convencernos de ello, negamos la mirada a todo aquello que no puede ser sistematizado ni encajonado.

¿Cuántas cosas sencillas de la vida cotidiana pueden recompensarnos mejor internamente? El poder de una sonrisa o de un acto de ternura de quien amamos, para con nosotros, pueden desencadenar muchísimas más acciones de voluntad que el más poderoso de los razonamientos. En lo simple pueden existir significados escondidos que están dispuestos a nuestro encuentro si renovamos la capacidad de asombrarnos a plenitud.

¿Qué tienes aún por descubrir?

Si no todo está culminado, si existe posibilidad de contribuir al desarrollo de mi propia vida, debo encarar la importancia de la reflexión respecto aquello que espera a mi observación.

En el terreno del desarrollo personal esta es una pregunta de gran relevancia; no hacerla, a tiempo y en profundidad, significa resignarse a que todo está resuelto por alguien o algo más. ¡Piensa en clave de asombro en los diversos ámbitos de tu vida!

Algunas preguntas que pueden ayudar en tu vida personal, familiar y profesional:

  • ¿Qué novedades podrías encontrar para favorecer tu crecimiento?
  • ¿Cuáles podrían ser alternativas nunca antes consideradas?
  • ¿Qué sería diferente si te lo propusieras?
  • Auque creas que son mínimas, ¿cuáles podrían ser tus opciones?
  • ¿Qué podrían aportar a tu vida quienes te rodean si les brindaras la oportunidad?

 

¡Nos vemos pronto!

Coaching, Motivación

Imágenes motivacionales enero 2018

¡Primer mes del año! ¿Cumplido?

Los primeros pasos

He buscado, mediante las imágenes mensuales, persuadir sobre la importancia de la planeación y seguimiento de metas en este nuevo ciclo que recién hemos iniciado en nuestras vidas.

Hemos abordado en estas entregas semanales la importancia de tener por centro, en tu concentración y acción, aquello que deseas que efectivamente suceda en tu vida. ¡No basta querer las cosas, hay que poner los medios!

 Tienes aquí el recuento de nuestras imágenes:

¡Hasta la próxima!

Coaching, Motivación

Plan B

imagen_motivacional_enero 5 2018
#Imprevistos, #actitud

¿Qué busco con esta imagen?

  • Sugerirte la importancia de la adecuada preparación ante imprevistos que pudieran ocurrir, la elaboración de alguna alternativa en la planeación.
  • Reflexionar sobre la imposibilidad de controlar al 100% todo lo que ocurre a nuestro alrededor; considerar que todo logro, incluso el personal, involucra una suma de voluntades y circunstancias.

Plan B

Enero ha estado dedicado en el blog principalmente a la reflexión sobre la planeación, las metas del año, la actitud que asumimos ante el inicio de ciclo, y la importancia de brindar un sentido a nuestra libertad. Hoy quiero fijar contigo la atención en qué tanto puede plantearse y prepararse un resultado adverso a lo previsto.

Todo plan, en virtud de la humanidad que lo genera, incluye un % y/o margen de error con el que hay que lidiar. Sin embargo, aprender esta realidad cuesta un poco de trabajo. Pues todos, ante el solo hecho de que algo vaya contra lo previsto, podemos tener posturas diferentes.

¿Qué tan preparado estás para que las cosas no resulten como tú esperas?

Conozco muchas personas muy resueltas, con sus metas y planes estrictamente definidos, que consideran un error incluir dentro de su preparación la posibilidad de que el resultado pueda ser contrario a lo previsto. El imprevisto entonces no tiene espacio en la ecuación.

Sin embargo, cuando el inconveniente se presenta, los grandes planes se desvanecen, el pánico inunda el contexto y crea circunstancias negativas que inmovilizan a nuestros “graduados” en actitud positiva.

Algunos, más aventurados, consideran de forma esotérica que el solo hecho de pensar que las cosas pueden no salir como uno desea, es de suyo consentir y abrir la puerta a una inconsciente invitación al fracaso. Y aunque cierran y  se dedican a tapiar ventanas y puertas para que el fracaso no se asome, si el imprevisto o resultado adverso se materializa por medio de alguna grieta, en lugar de acometer contra él y resolverlo afirmativa se dedican, sistemáticamente, a encontrar el punto de quiebre que permitió tan lamentable suceso.

Por otro lado, hay personas que consideran que el éxito es tan imposible de lograr que se la pasan construyendo y administrando planeación para la disminución de riesgos. Parecen pensar y creer fervientemente: “que salga aquello lo menos mal posible, pues  no hay remedio ni alternativa alguna de triunfo”.

Considerar que somos nosotros, y nuestros planes y proyectos,  seres falibles no debe ser considerado una llamada o deseo de fracaso.

Reconocer nuestros límites, es darle juego a la realidad. La famosa ley de Murphy no se ha enunciado en vano. Aprender a vivir con el rieso de que las cosas pueden no salir como quisiéramos es condición para la madurez. Y no quisiera en ello rizar el rizo.

Sé que puedo equivocarme, sé que las cosas pueden ser diversas a lo previsto ¿qué hago con eso?

Un adecuado proceso de planeación debe construirse a partir de escenarios. Uno de esos escenarios es dar respuesta a la interrogante que hoy nos convoca a la reflexión:

¿Qué haré o cómo reaccionaré si aquello que deseo no se logra conforme anhelo?

Un plan B, más que un conjunto de pasos, cosa que puede ser muy útil, consiste en prepararse para ese momento no deseado. Saber cómo reaccionar ante los imprevistos y los fracasos se convierte en algo crucial en términos de inteligencia emocional.

Para poder elaborar un Plan B, ante el fracaso en el logro de un objetivo o proyecto, es importante reconocer que, aunque pienses lo contrario, no todo depende de ti al 100%.

El deseo, muy humano y no por ello necesariamente “bueno”, de controlar al máximo todas las situaciones, eliminando imprevistos, pocas veces se materializa en una realidad de control total. Todo objetivo, incluso el más personal, requiere de una suma de voluntades y circunstancias.

Comenzarás a crear tu plan B cuando “sueltes” el deseo de control y pongas el mejor de los empeños en lo que sí puedes controlar de mejor forma: ¡tu actitud!

Algunas preguntas que pueden ayudar en la creación de un plan b:

¿Qué es lo peor que podría pasar si no logro lo que quiero?, ¿Qué emociones pienso y siento que podría experimentar en ese momento?, ¿Cuál será el costo para mi vida personal, familiar, laboral e, incluso, espiritual si aquello que busco no se logra?, ¿Qué podría ayudarme a superar la desaveniencia?, ¿Qué es lo primero que haré para no sentirme derrotado?, ¿Habría algún beneficio o ventaja para mí, o para quienes me rodean, si no alcanzo lo que busco?, ¿Quién y cómo podría ayudarme a pasar pronto esta situación desafiante para mí?, ¿Hay algo que habría podido aprender de la realidad que no he podido conseguir?, ¡No he logrado esto que quería, ¿qué sí podría lograr con el aprendizaje que ahora he recibido?

Si reflexionas sobre estas preguntas y construyes este escenario, te aseguro que estarás mucho mejor preparado ante cualquier desafío. Espero sea de utilidad.

¡Nos vemos pronto!